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GUÍA PARA EL ECLIPSE: SOLTAR, PAUSAR Y EVOLUCIONAR Estamos ante un eclipse con una energía muy potente y regresiva en el eje Leo-Acuario que marca el reinicio de un ciclo vital, como si fuera un año cero. Es el momento ideal para ir muy ligeros de equipaje y forjar una nueva y evolucionada versión de nosotros mismos. Aquí tienes las pautas clave para aprovechar esta energía: Aplica la regla del 80/20: Este momento se trata de dedicar casi un 80% de tu energía a quitar, eliminar y barrer todo lo que no sirve en tu vida, y un 20% a rescatar y elevar a un nivel superior lo que sí resuena contigo. Cero auto-indulgencias: No es el momento para malcriarte, ser condescendiente contigo mismo ni darte "caprichitos" tóxicos con la excusa del autocuidado. Tienes una ventana de unas dos o tres semanas para cortar de raíz los malos hábitos, la pereza, la comida basura o las pérdidas de tiempo en redes sociales. Sé radicalmente honesto: Deja de justificar tus defectos, inercias o bloqueos escudándote en el "es que yo soy así". Debes observar con rigor qué partes de tu carácter entorpecen tus metas y dejar atrás las identidades falsas o adherencias que no son tu verdadera esencia. Sal de la ambigüedad (Un SÍ o un NO rotundo): La energía de manifestación no funciona cuando es tibia. Si juegas al "depende" o al "quizás", te estancarás; debes aplicar un "NO" absoluto a lo que no quieres para que tu psique salte hacia un "SÍ" verdadero y manifieste tus deseos. Pausa los grandes arranques: No es el momento ideal para iniciar proyectos genuinamente nuevos, lanzar algo al público o entrar en un empleo nuevo, sino para retomar, seleccionar y desarrollar cosas que ya están en marcha. Seduce al universo con gratitud: Abre tu corazón y tu pecho para agradecer de verdad; ser agradecido y simpático con la existencia hace que el universo quiera cuidarte y que la realidad material empiece a adaptarse a lo que quieres.
https://www.instagram.com/reel/DbtNZJFslQj/?igsh=MTU5NXFuN2J0djFzaA==
Foto de Francisco García
https://www.instagram.com/reel/Dblok9Gt8UK/?igsh=MXR6cXl0MWE3OTAzMw==
Foto de Francisco García
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En este fragmento de la entrevista de Robert Martínez, hablamos sobre la energía de este eclipse y sobre los procesos internos que puede simbolizar: momentos de cambio, revisión, cierre y transformación. 🌌 ¿Qué viene a mostrarnos? 🔮 ¿Qué aspectos de nuestra vida pueden pedir una nueva mirada? ✨ ¿Cómo podemos aprovechar este momento para conectar con mayor consciencia? Los eclipses pueden invitarnos a detenernos, observar y escuchar aquello que quizá llevábamos tiempo dejando en segundo plano. 🎥 Descubre la reflexión completa de Robert Martínez en nuestro canal de yt. 💜 Porque cada cambio exterior también puede convertirse en una oportunidad para mirar hacia dentro. https://www.instagram.com/reel/DbVRrx8Nfik/?igsh=c2Q5N2Ftc2s4OWJv
Foto de Francisco García
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TU ALMA SABE. Si tu maestro interno te dice que necesitas un tiempo para ti escúchalo. Si tu alma te dice que ya no vibras con algunas personas con las que solías compartir, tranquilo es parte de tu evolución. Si tu espíritu te pide que te conectes más y que empieces a trabajar en tu equilibrio hazle caso. Si tu cuerpo te pide que te alimentes mejor, camines y que duermas más horas, consiéntelo. Si tu vida te dice que ese trabajo ya no es para ti, es hora de tomar un nuevo rumbo Si tu corazón te dice que ya no te sientes lleno con esa pareja, sigue a tu corazón, el sabe el camino. Si tu vida te dice que cambies de hábitos, pensamientos y rutinas, busca otras formas. Si tu corazón te pide a gritos que viajes, hazlo y no pongas excusas. Él sabe cuál es la medicina que necesitas. Aprende a escucharte, conéctate con tu maestro interno y ábrete a todas las señales que llegan para ti. Tu alma sabe cual es el camino ❤️
Foto de Francisco García
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Foto de Francisco García
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Foto de Francisco García
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Si te sientas a observar tus pensamientos sin engancharte a ellos, descubrirás que no puedes controlarlos. Aparecen por sí mismos. Puedes intentar no pensar en un elefante rosa, y el elefante rosa aparece. Puedes intentar calmarte, y la ansiedad quizá se intensifique. Pero si solo observas, sin juzgar, sin querer cambiarlo, algo se relaja. No porque hayas resuelto nada, sino porque has dejado de pelear con lo que es. Esa no-pelea es la puerta. En la vida cotidiana, esto se traduce en pequeños momentos... al lavar los platos, sentir el agua y el jabón, notar las manos moviéndose, sin pensar en lo que viene después. Al caminar, sentir el suelo, el balanceo, el viento. Al escuchar a alguien, escuchar realmente, sin preparar tu respuesta. No se trata de hacer todo más lento, sino de estar presente mientras lo haces. Como cuando conduces y, de repente, te das cuenta de que has llegado sin recordar el trayecto. Es lo contrario, recordar el trayecto, estar allí, kilómetro a kilómetro. Y si olvidas estar presente, no importa. En cuanto te das cuenta de que te has distraído, ya estás de vuelta. La distracción no es un fracaso, es parte del juego. Como las nubes que pasan, el olvido también pasa. No hay que castigarse por ello. La práctica no es perfecta, ni tiene por qué serlo. Es un ir y venir, como el vaivén del columpio. Lo importante no es quedarse quieto, sino notar el movimiento. Al final, todo esto se reduce a un gesto tan sencillo que cuesta creerlo... soltar el volante y darte cuenta de que el coche nunca se movió, de que siempre estuviste en el garaje de tu propia casa, con el motor apagado, mirando por la ventana cómo las nubes pasaban. La metáfora de la estación de tren al principio no era un consuelo vacío... era el mapa. Y el mapa dice que no hay adónde ir, porque ya estás donde siempre has estado. Solo que no lo sabías porque estabas demasiado ocupado comprando boletos. Ahora puedes quedarte en el andén, ver pasar los trenes, y sonreír. Porque los trenes nunca fueron el destino. Tú eres la estación. Siempre lo fuiste. Y la estación, querido viajero, no tiene prisa. EL AMOR ES TODO LO QUE EXISTE
EL ARTE DE NO HACER NADA MIENTRAS TODO OCURRE Por: Roberto Colín Nava Imagina que estás sentado en una estación de tren. Los vagones pasan, unos lentos, otros veloces. Algunos llevan cargas pesadas, otros van vacíos. Hay trenes ruidosos y trenes silenciosos. Tú llevas tanto tiempo subiendo y bajando de ellos, cargando maletas, buscando asientos, que has olvidado que la estación sigue ahí, inmóvil, bajo tus pies. Esto no es un manual para aprender a quedarte quieto. Es un recordatorio de que la estación nunca se movió. Hay una forma de estar en la vida que no requiere hacer nada. No me refiero a la pereza ni al abandono, sino a algo más sutil... a esa capacidad de simplemente ser mientras todo sucede a tu alrededor. Es como cuando estás viendo una película y, de repente, te das cuenta de que estás sentado en la butaca, que la sala está oscura, que hay un proyector encendido. No dejas de ver la película, pero ya no estás atrapado en ella. Sabes que es una película. Y esa pequeña distancia no te resta emoción; al contrario, te permite disfrutarla sin angustia, sin la necesidad de saltar a la pantalla para salvar al protagonista. Esa distancia no es fría ni desapegada. Es, más bien, una especie de calma activa. Es darse cuenta de que, debajo de todos tus pensamientos, de todas tus emociones, de todas tus historias, hay un espacio silencioso que no se altera. Puedes estar furioso, y ese espacio sigue ahí. Puedes estar feliz, y ese espacio no se vuelve más brillante ni más opaco. Es como el cielo... las nubes pasan, tormentas o claros, pero el cielo mismo no cambia. Nunca está nublado; las nubes solo lo atraviesan. La mayoría de nosotros vivimos pegados al contenido de nuestra cabeza. Creemos que somos lo que pensamos, lo que sentimos, lo que nos pasa. Si nos va bien, estamos bien. Si nos va mal, estamos mal. Nuestra identidad se vuelve un reflejo de las circunstancias, como un camaleón que cambia de color según la hoja donde se posa. Pero hay otro modo. No se trata de negar lo que sientes ni de fingir que no te importa. Se trata de notar que tú no eres ese sentimiento, así como el río no es la gota que pasa por él. Para practicar esto, no necesitas una almohada especial ni una postura complicada. Puedes hacerlo ahora mismo, mientras lees esto. Detente un segundo. Nota tu respiración. No la cambies, solo obsérvala. Nota cómo el aire entra y sale. Ahora nota que hay alguien notando eso. Ese "alguien" no tiene cara, no tiene nombre, no tiene edad. Es simplemente la conciencia de que estás respirando. Eso es lo que estamos explorando... no la respiración, sino el hecho de que sabes que estás respirando. Ese saber no requiere esfuerzo. Está ahí siempre, aunque normalmente no le prestes atención. Lo interesante es que, cuando practicas esto, empiezas a ver que todo lo que llamas "tuyo" es en realidad algo que te sucede. Tus pensamientos aparecen, como aparecen los pájaros en una ventana. Tus emociones suben y bajan, como la marea. Tu cuerpo cambia, se enferma, se recupera, envejece. Y en medio de todo eso, hay algo que no cambia, que no se enferma, que no envejece. Ese algo no es un concepto ni una creencia. Es una experiencia directa, tan tangible como el sabor de una fruta. Pero es tan sutil y tan simple que la mayoría lo pasa por alto, buscando cosas más espectaculares. El gran truco de la mente es hacernos creer que necesitamos alcanzar algo, mejorar algo, obtener algo. Nos dice que la paz está en el futuro, después de resolver tal problema, después de conseguir tal cosa, después de entender tal idea. Y mientras tanto, ese espacio silencioso sigue ahí, disponible ahora, en medio del caos, en medio de la duda, en medio del dolor. No hay que esperar a estar tranquilos para notarlo. De hecho, es más fácil notarlo cuando hay tormenta, porque la tormenta se ve claramente como un fenómeno pasajero.
Foto de Francisco García