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  • 3 de Septiembre “Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío.” — Ezequiel 37:13. En verdad así ha de ser: los que reciben vida de entre los muertos, reconocerán con certeza la mano del Señor en su resurrección. Este es el cambio mayor y el más notable de todos los cambios que un hombre pueda experimentar: ser levantado de la tumba de la muerte espiritual, y ser conducido a regocijarse en la luz y en la libertad de la vida espiritual. Nadie puede obrar esto sino el Dios vivo, el Señor y dador de vida. ¡Ah, cuán bien recuerdo cuando yacía yo en el valle lleno de huesos secos, tan seco como cualquiera de ellos! ¡Bienaventurado fue el día cuando la gracia inmerecida y soberana envió al hombre de Dios a profetizar sobre mis huesos! Gloria sea dada a Dios por la conmoción que esa palabra de fe provocó entre los huesos secos. ¡Más bienaventurado aún fue ese aliento celestial proveniente de los cuatro vientos que me hizo vivir! Ahora conozco yo al Espíritu dador de vida del eterno Jehová. Verdaderamente Jehová es el Dios vivo, pues me hizo vivir. Mi nueva vida, incluso en sus languideces y en sus aflicciones, es una clara prueba para mí que el Señor puede matar y hacer vivir. Él es el único Dios. Él es todo lo que es grandioso, gracioso, y glorioso, y mi alma revivida lo adora como el gran YO SOY. ¡Toda gloria sea dada a Su sagrado nombre! En tanto que viva lo alabaré. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 2 de Septiembre “Y conoceremos, y proseguiremos en conocer a Jehová.” — Oseas 6:3. Alcanzaremos el santo conocimiento, no de una sola vez, sino gradualmente, y nuestro deber es perseverar y aprender poco a poco. No debemos desesperar, aunque nuestro progreso sea lento, pues todavía hemos de aprender. El Señor, que se ha convertido en nuestro maestro, no se dará por vencido con nosotros, independientemente de cuán tardos de entendimiento seamos; pues no sería para honra Suya que algún grado de insensatez humana frustrara Su destreza. Él Señor se deleita en volver sabio al necio. Nuestro deber es apegarnos a nuestro tópico principal, y proseguir en conocer, no esta doctrina peculiar o aquella otra, sino al propio Jehová. Conocer al Padre, Hijo, y Espíritu, el Dios Trino, esto es la vida eterna: dediquémonos a esto, pues así obtendremos una instrucción completa. Al proseguir en conocer a Jehová, aprenderemos la curación después del desgarro, la restauración después del asolamiento, y la vida después de la muerte. La experiencia tiene su obra perfecta cuando el corazón sigue las pisadas del Señor Todopoderoso. Alma mía, mantente cerca de Jesús, prosigue en conocer a Dios en Jesús, y así llegarás al conocimiento de Cristo, que es la más excelsa de todas las ciencias. El Espíritu Santo te guiará a toda la verdad. ¿Acaso no este un oficio lleno de gracia? Confía en que Él lo cumplirá. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 1 de Septiembre “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor.” — Juan 15:10. Permanecer en obediencia y permanecer en el amor de Jesús, son cosas que no pueden separarse. Una vida bajo el gobierno de Cristo es lo único que podría demostrar que somos los objetos del deleite de nuestro Señor. Debemos guardar el mandamiento de nuestro Señor, si queremos recibir el sol de Su amor. Si vivimos en pecado, no podríamos vivir en el amor de Cristo. Sin la santidad que agrada a Dios, no podríamos agradar a Jesús. Quien no le da ninguna importancia a la santidad, no sabe nada del amor de Jesús. El disfrute consciente del amor de nuestro Señor es un asunto delicado. Es mucho más sensible al pecado y a la santidad que el mercurio lo es al frío y al calor. Cuando somos tiernos de corazón, y prudentes de pensamiento, labios y vida, para honra de nuestro Señor Jesús, entonces recibimos señales incontables de Su amor. Si deseamos perpetuar esta bienaventuranza, debemos perpetuar la santidad. El Señor Jesús no esconderá Su rostro de nosotros a menos que nosotros escondamos nuestro rostro de Él. El pecado forma la nube que oscurece a nuestro Sol: si somos diligentemente obedientes y completamente consagrados, podremos caminar en la luz, como Dios está en la luz, y tendremos una permanencia segura en el amor de Jesús como Jesús la tiene en el amor del Padre. Aquí tenemos una dulce promesa con un solemne “si”. Señor, pon este “si” en mi mano; pues, como una llave, abre este estuche de joyas. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 31 de Agosto “Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.” — 1 Pedro 1:25. Toda enseñanza humana, y, en verdad, todos los seres humanos, llegarán a su fin como la hierba del campo; pero aquí se nos asegura que la palabra del Señor es de una naturaleza muy diferente, pues permanecerá para siempre. Tenemos aquí un Evangelio divino; pues, ¿cuál palabra podría permanecer para siempre sino la palabra que es hablada por el Dios eterno? Tenemos aquí un Evangelio que vive para siempre, tan lleno de vitalidad como cuando salió por primera vez de los labios de Dios; tan poderoso para convencer y convertir, para regenerar y consolar, para sostener y santificar, como lo fue desde sus primeros días en que obró maravillas. Tenemos un Evangelio inmutable, pues no es hierba verde hoy, y mañana paja seca; sino que siempre es la verdad permanente del inmutable Jehová. Las opiniones cambian, pero la verdad certificada por Dios no puede cambiar, como no cambia el Dios inmutable que la expresó. Entonces, aquí tenemos un Evangelio en el que nos regocijamos, una palabra del Señor en la que podemos apoyar todo nuestro peso. “Para siempre” incluye vida, muerte, juicio y eternidad. Gloria sea dada a Dios en Cristo Jesús por la consolación eterna. Aliméntense de la palabra hoy, y todos los días de su vida. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 30 de Agosto “No es así mi casa para con Dios; sin embargo, él ha hecho conmigo pacto perpetuo, ordenado en todas las cosas, y será guardado, aunque todavía no haga él florecer toda mi salvación y mi deseo.” — 2 Samuel 23:5. Esta no es tanto una promesa sino un cúmulo de promesas: una caja de perlas. El pacto es el arca que contiene todas las cosas. Estas son las últimas palabras de David, pero pueden ser mías hoy. Aquí encontramos un suspiro: las cosas no están conmigo y no son mías como yo lo desearía; hay pruebas, cuidados y pecados. Todo esto pone dura a la almohada. Aquí encontramos un solaz: “Él ha hecho conmigo pacto perpetuo.” Jehová se ha comprometido conmigo, y ha sellado el pacto con la sangre de Jesús. Estoy ligado a mi Dios, y mi Dios a mí. Esto hace prominente una seguridad, puesto que este pacto es eterno, bien ordenado y guardado. No hay nada que temer por el paso del tiempo, ni fallará por algún punto olvidado, o por la incertidumbre natural de las cosas. El pacto es un cimiento hecho de roca sobre el cual se construye para vida o para muerte. David siente satisfacción: no necesita nada más para salvación o deleitación. Está liberado, y complacido. El pacto es todo lo que el hombre pueda desear. Oh alma mía, vuélvete en este día a tu Señor Jesús, a Quien el grandioso Dios ha dado para que sea un pacto para el pueblo. Tómalo para que sea tu todo en todo. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 29 de Agosto “Y su alma será como huerto de riego.” — Jeremías 31:12. ¡Oh, tener el alma de uno bajo el cuidado celestial; que ya no fuese un desierto, sino un huerto del Señor! Delimitada en el yermo, amurallada alrededor por la gracia, plantada por la instrucción, visitada por el amor, desyerbada por la disciplina celestial, y protegida por el poder divino, el alma favorecida de uno es preparada para dar fruto para el Señor. Pero un huerto puede perder su lozanía por falta de agua, y entonces todos sus cultivos se ponen mustios y llegan al punto de secarse. ¡Oh, alma mía, cuán pronto sería este tu caso si el Señor te dejara! En el oriente, un huerto carente de agua pronto deja de ser un huerto: nada puede madurar, crecer, o ni siquiera vivir. Cuando se mantiene la irrigación, el resultado es encantador. Oh, que nuestra alma fuese regada uniformemente por el Espíritu Santo. Que cada parte del huerto contara con su propio torrente; abundantemente: que un refrescamiento suficiente llegara a cada árbol y a cada planta, independientemente de cuán sedientos estén por naturaleza; continuamente: que cada hora trajera no solamente su calor, sino también su refrigerio; sabiamente: que cada planta recibiera justo lo que necesitara. En un huerto pueden ver que su verdor depende de dónde corre el agua, y pronto pueden percibir cuando el Espíritu de Dios viene. Oh, Señor, riégame en este día, e indúceme a producir para ti una cosecha completa. Amén. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 28 de Agosto “En cuanto a mí, a Dios clamaré; y Jehová me salvará.” — Salmo 55:16. Sí, debo orar y lo haré. ¿Qué otra cosa podría hacer? Traicionado, abandonado, acongojado, frustrado, oh mi Dios, clamo a Ti. Mi Siclag está reducida a cenizas, y los hombres hablan de apedrearme; pero yo aliento a mi corazón en el Señor, que me sostendrá en esta prueba como me ha sostenido en otras muchas pruebas. Jehová me salvará; estoy seguro que lo hará, y yo declaro mi fe. El Señor me salvará y nadie más. No deseo ninguno otro ayudador, y no confiaría en un brazo de carne aun si pudiera. Clamaré a Él en la noche, y en la mañana, y al mediodía, y no clamaré a nadie más, pues Él es Todo-suficiente. No tengo la menor idea de cómo me salvará; pero lo hará, lo sé. Él lo hará de la mejor y más segura manera, y lo hará en el sentido más grande, más verdadero, y más pleno. El grandioso YO SOY me librará de esta prueba y de todas las futuras pruebas, tan ciertamente como Él vive; y cuando llegue la muerte, y todos los misterios de la eternidad se presenten a continuación, esta afirmación todavía será cierta: “Jehová me salvará.” Este será mi cántico a lo largo de todo este día de otoño. ¿No es acaso como una manzana madura proveniente del árbol de la vida? Me alimentaré de ella. ¡Cuán dulce es a mi paladar! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 27 de Agosto “Te he escogido en horno de aflicción.” — Isaías 48:10. Este ha sido desde hace mucho tiempo el lema fijado delante de nuestros ojos en la pared de nuestro aposento, y de muchas maneras ha sido escrito también en nuestro corazón. No es algo insignificante ser elegido por Dios. La elección de Dios convierte a los elegidos en hombres especiales. Es mejor ser elegido por Dios que elegido por una nación entera. Este privilegio es tan eminente, que aunque viniere acompañado de algún inconveniente, lo aceptaríamos gozosamente, de la misma manera que el judío comía las hierbas amargas que acompañaban al Cordero Pascual. Nosotros escogemos el horno, puesto que Dios nos escoge en él. Somos escogidos como un pueblo afligido, y no como un pueblo próspero; elegidos, no en el palacio, sino en el horno. En el horno la belleza es desfigurada, la moda es destruida, la fortaleza es derretida, la gloria es consumida, y, sin embargo, aquí el amor eterno revela sus secretos, y declara su escogencia. Así ha sido en nuestro caso. En tiempos de las más severas pruebas, Dios nos ha hecho claros nuestro llamamiento y elección, y nosotros los hemos hecho firmes: entonces hemos elegido al Señor para que sea nuestro Dios, y Él ha mostrado que somos ciertamente Sus elegidos. Por lo tanto, si hoy el horno es calentado siete veces más, no le temeremos, pues el glorioso Hijo de Dios caminará con nosotros en medio de los carbones ardientes. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 26 de Agosto “Y juzgaré entre oveja y oveja.” — Ezequiel 34:22. Algunos son gordos y prósperos, y por eso son rudos con los débiles. Este es un pecado cruel, y causa mucha aflicción. Esos empujones con el costado y con el hombro, esos empellones a las enfermas con los cuernos, son un triste instrumento de ofensa en las asambleas de los creyentes profesantes. El Señor toma nota de estos hechos altivos y groseros, y se enoja grandemente por causa de ellos, pues Él ama al débil. ¿Se cuenta mi lector entre los despreciados? ¿Es un gemidor en Sion y un hombre marcado por causa de su tierna conciencia? ¿Lo juzgan duramente estos hermanos? Que no resienta su conducta; sobre todo, que no empuje ni dé empellones en retribución. Que deje el asunto en las manos del Señor. Él es el Juez. ¿Por qué habríamos de entrometernos en Su oficio? Él decidirá mucho más justamente que nosotros. Su tiempo para el juicio es el mejor, y no debemos tener ansias de apresurarlo. Que se ponga a temblar el opresor de empedernido corazón. Aunque atropelle impunemente a los demás en el momento presente, todas sus altivas expresiones están debidamente registradas, y por cada una de ellas habrá de rendir cuentas ante el tribunal del Grandioso Juez. ¡Paciencia alma mía! ¡Paciencia! El Señor conoce tu aflicción. ¡Tu Jesús tiene piedad de ti! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 25 de Agosto "Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor.” — Ezequiel 34:15. Bajo el pastorado divino, los santos son alimentados hasta la saciedad. La suya no es una insatisfactoria ración vana de simple “pensamiento”; mas el Señor alimenta a los santos con la sólida verdad sustancial de la revelación divina. Hay en la Escritura un nutrimento real para el alma que es introducido en el corazón por el Espíritu Santo. Jesús, Él propio, es el alimento que sostiene la vida de los creyentes. Nuestro Grandioso Pastor nos promete que ese sagrado sustento nos será dado por Su propio Ser. Si, en el día domingo, nuestro pastor terrenal tuviera las manos vacías, el Señor no las tiene vacías. La mente descansa cuando es alimentada con la santa verdad. Quienes son alimentados por Jehová están en paz. Ningún perro los preocupará, ningún lobo los devorará, ningunas inclinaciones a la intranquilidad los turbarán. Se acostarán y digerirán el alimento que han disfrutado. Las doctrinas de la gracia no sólo son sustentadoras, sino también consoladoras: en ellas tenemos los medios que nos vigorizan y nos hacen descansar. Si los predicadores no nos proporcionaran descanso, busquemos al Señor para encontrar el descanso. Que el Señor nos conduzca en este día a alimentarnos en los pastos de la Palabra, y nos dé descanso en ellos. Que este día esté marcado, no por la insensatez, ni por la preocupación, sino por la Meditación y la Paz. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

  • 24 de Agosto “Pues está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé el entendimiento de los entendidos.” — 1 Corintios 1:19. Este versículo es una amenaza para los sabios del mundo, pero es una promesa para el simple creyente. Los que se declaran eruditos están continuamente tratando de convertir en cenizas la fe del humilde creyente. Pero fallan en sus intentos. Sus argumentos se desploman, sus teorías caen por su propio peso, y sus conspiraciones infernales se delatan a sí mismas antes de que su propósito se vea cumplido. El viejo Evangelio no está extinto todavía, ni lo estará mientras el Señor viva. Si pudiera ser exterminado, ya habría perecido de sobre la faz de la tierra desde hace mucho tiempo. Nosotros no podemos destruir la sabiduría de los sabios, ni procuramos intentarlo, pues la obra está en mejores manos. El propio Señor dice: “lo haré” y Él nunca resuelve en vano. Él declara Su propósito dos veces en este versículo, y podemos tener la certeza que no se apartará de él. ¡Qué obra tan perfecta de limpieza hace el Señor en lo relativo a la filosofía y al “pensamiento moderno” cuando pone Sus manos en ello! Abate la fina apariencia hasta convertirla en nada; destruye por completo la madera, el heno y la hojarasca. Está escrito que será así, y así será. Señor, hazlo pronto. Amén y Amén. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román.

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  • 15 de Abril “Pero a los justos les será dado lo que desean.” — Proverbios 10:24. Puesto que es un deseo justo, Dios está dispuesto a concederlo. No sería bueno ni para el propio individuo involucrado ni para la sociedad en general, que una promesa así fuera ofrecida a los injustos. Si guardamos los mandamientos del Señor, Él tendrá apropiadamente respeto para nuestros deseos. Si los justos se vieran reducidos a tener deseos injustos, no les serían concedidos. Pero entonces, estos no serían sus deseos reales; serían sus descarríos o sus desatinos; y está bien que sean rechazados. Sus agraciados deseos llegarán delante del Señor, y no les dirá que no. ¿Nos está denegando el Señor nuestras peticiones durante algún tiempo? Que la promesa correspondiente al día de hoy nos aliente a pedir de nuevo. ¿Nos ha negado completamente nuestras peticiones? Aun así le daremos gracias, pues nuestro deseo siempre ha sido que nos niegue lo que pedimos, si Él juzgase que lo mejor para nosotros fuese un rechazo. En cuanto a ciertas cosas, pidamos con audacia. Nuestros deseos primordiales han de ser los relativos a la santidad, la utilidad, la semejanza a Cristo, nuestra preparación para el cielo. Estos son los deseos de la gracia más bien que de la naturaleza: son los deseos del hombre justo más bien que del hombre natural. Dios no nos escatimará estas cosas, sino que nos dará en abundancia. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.” ¡Este día, alma mía, pide liberalmente! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 14 de Abril “Él nos elegirá nuestras heredades.” — Salmo 47:4. Nuestros enemigos quieren asignarnos una porción muy funesta, pero no seremos entregados en sus manos. El Señor hará que permanezcamos en nuestro sitio, en nuestro lugar asignado por Su infinita sabiduría. Una mente más sabia que la nuestra arregla nuestro destino. El ordenamiento de todas las cosas pertenece a Dios, y nos alegra que así sea; preferimos que Dios elija por nosotros. Si las cosas pudieran ser a nuestra manera, desearíamos que todas las cosas fueran a la manera de Dios. Estando conscientes de nuestra propia necedad, no deseamos gobernar nuestros destinos. Nos sentimos más seguros y más tranquilos cuando el Señor dirige el rumbo de nuestro barco que si pudiéramos dirigirlo nosotros de acuerdo a nuestro juicio. Gozosamente ponemos nuestro doloroso presente y nuestro desconocido futuro en manos de nuestro Padre, nuestro Salvador y nuestro Consolador. ¡Oh, alma mía, pon en este día todos tus deseos a los pies de Jesús! Si últimamente has sido algo díscolo y testarudo, ávido de ser y de hacer lo que te dicte tu propia mente, descarta ahora tu necio ego, y pon las riendas en las manos del Señor. Di: “Él ha de elegir”. Si otros disputan la soberanía del Señor, y se glorían en el libre albedrío del hombre, tú respóndeles efectivamente: “Él elegirá por mí.” Mi más libre decisión es que Él decida por mí. Como un agente libre, yo elijo que Él tenga toda la decisión. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 13 de Abril “El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya.” — Filipenses 3:21. Con frecuencia, cuando somos atormentados por el dolor y nos descubrimos incapaces de pensar o de adorar, sentimos que, en verdad, este es “el cuerpo de la humillación nuestra”; y cuando somos tentados por las pasiones que surgen de la carne, no creemos que la palabra “humillación” sea una traducción demasiado vigorosa en absoluto. Nuestros cuerpos nos humillan; y eso es todo lo mejor que hacen por nosotros. ¡Oh, que fuéramos debidamente humildes, pues nuestros cuerpos nos asemejan a los animales, e incluso nos ligan con el polvo! Pero nuestro Salvador, el Señor Jesús, cambiará todo esto. Seremos transformados a semejanza de Su propio cuerpo de gloria. Esto lo experimentarán todos aquellos que creen en Jesús. Por fe sus almas han sido transformadas, y sus cuerpos experimentarán una renovación tal que los adaptará a sus espíritus regenerados. Qué tan pronto ocurra esta grandiosa transformación, no podríamos decirlo; pero su pensamiento debería ayudarnos a soportar las tribulaciones de hoy, y todas las aflicciones de la carne. En breve, seremos como Jesús es ahora. No más rostros adoloridos, no más miembros hinchados, no más ojos apagados, no más corazones desfallecidos. El viejo no será más un manojo de debilidades, ni el enfermo una masa de agonía. “Semejante al cuerpo de la gloria suya.” ¡Qué expresión! ¡Aun nuestra carne descansará en la esperanza de una tal resurrección! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 12 de Abril “Porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado.” — Jeremías 31:34. Cuando conocemos al Señor, recibimos el perdón de los pecados. Lo conocemos como el Dios de Gracia, que pasa por alto nuestras transgresiones. ¡Qué feliz descubrimiento es este! Pero cuán divinamente está expresada esta promesa: ¡el Señor promete que no se acordará más de nuestros pecados! ¿Puede Dios olvidar? Él dice que lo hará, y Él dice en serio lo que dice. Él considerará como si no hubiésemos pecado nunca. La grandiosa expiación quitó tan eficazmente todo pecado, que para la mente de Dios es como si no hubiera existido. El creyente es ahora tan acepto en Cristo Jesús como lo era Adán en su inocencia; sí, más aún, pues él lleva puesta una justicia divina, mientras que la de Adán era solamente humana. El Gran Señor no se acordará de nuestros pecados como para castigarlos, o como para amarnos una pizca menos por causa de esos pecados. Igual que una deuda que, cuando es pagada, deja de ser deuda, así el Señor hace una completa cancelación de la iniquidad de Su pueblo. Cuando nos estemos lamentando por nuestras transgresiones y deficiencias—y este es nuestro deber mientras vivamos—al mismo tiempo hemos de regocijarnos porque nunca serán mencionadas contra nosotros. Esto nos lleva a odiar el pecado. El perdón de Dios inmerecido nos conduce a vigilar para no ofenderle nunca más por medio de la desobediencia. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 11 de Abril “Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová.” — Jeremías 31:34. En verdad, prescindiendo de cualquier otra cosa que no sepamos, nosotros conocemos al Señor. Este día esta promesa es verdadera en nuestra experiencia, y no es una pequeña promesa. El más pequeño creyente entre nosotros conoce a Dios en Cristo Jesús. No tan plenamente como quisiéramos; mas, sin embargo, verdadera y realmente conocemos al Señor. No sólo conocemos doctrinas acerca de Él, sino que lo conocemo ÉL. Él es nuestro Padre y nuestro Amigo. Somos Sus conocidos personales. Podemos decir: “Señor mío, y Dios mío.” Gozamos de estrecha comunión con Dios, y pasamos muchas temporadas felices en Su santa compañía. Ya no somos más extraños para nuestro Dios, sino que el secreto del Señor está con nosotros. Esto es más de lo que la naturaleza podría habernos enseñado. La carne y la sangre no nos han revelado a Dios. Cristo Jesús ha dado a conocer al Padre a nuestros corazones. Si, entonces, el Señor ha hecho que lo conozcamos, ¿no es esto la fuente de todo conocimiento salvador? Conocer a Dios es la vida eterna. Tan pronto como llegamos a conocer a Dios, tenemos la evidencia de ser resucitados a una vida nueva. ¡Oh, alma mía, regocíjate con este conocimiento, y bendice a tu Señor todo este día! La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 10 de Abril “Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.” — Números 21:8. Este es un tipo glorioso del Evangelio. Jesús, contado con los inicuos, cuelga en la cruz delante de nosotros. Una mirada a Él nos curará de la mordida de serpiente del pecado; Él nos sanará de inmediato: “Cuando mirare a ella, vivirá”. El lector que esté lamentando su pecaminosidad ha de notar las palabras: “Cualquiera que mirare a ella, vivirá”. Todo el que mire comprobará que esto es verdad. Yo comprobé que así es. Yo miré a Jesús y viví al instante. Yo sé que viví. Lector, si miras a Jesús, tú vivirás también. Es cierto que estás henchido de veneno y no ves ninguna esperanza. Es cierto, también, que no hay otra esperanza sino esta. Pero esta es una cura infalible: “Cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá.” La serpiente de bronce no fue izada como una curiosidad que debía ser contemplada por los sanos; su propósito especial era para quienes fueren “mordidos”. Jesús murió como un Salvador real para pecadores reales. Aunque la mordida te haya hecho un borracho, o un ladrón, o una persona impúdica y profana, una mirada al Grandioso Salvador te sanará de estas enfermedades, y te hará vivir en santidad y comunión con Dios. Mira y vive. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 9 de Abril “Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo.” — Salmo 119:165. Sí, un verdadero amor por el gran Libro, nos traerá gran paz del gran Dios, y será una gran protección para nosotros. Si vivimos constantemente en la compañía de la ley del Señor, engendrará en nuestros corazones un sosiego que ninguna otra cosa podría generar. El Espíritu Santo actúa como Consolador por medio de la Palabra, y derrama abundantemente esas benignas influencias que calman las tempestades del alma. Nada sirve de piedra de tropiezo para el hombre en el que mora ricamente la Palabra de Dios. Él toma su cruz diaria que se convierte en un deleite. Está preparado para la tribulación de fuego, y no la considera como algo extraño, como para quedar completamente abatido por ella. No tropieza con la prosperidad, como hacen muchos, ni es aplastado por adversidad, como han sido otros, pues vive más allá de las cambiantes circunstancias de la vida externa. Cuando el Señor pone delante de él algún gran misterio de la fe que hace clamar a otros: “Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír?”, el creyente lo acepta sin ninguna duda; pues sus dificultades intelectuales son resueltas por su temor reverente de la ley del Señor, que es para él la suprema autoridad ante la que se inclina gozosamente. Señor, obra en nosotros este amor, esta paz y este reposo, en este día. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román

  • 2 de Abril “Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos.” — 1 Timoteo 4:15. Prácticamente esta es una promesa de que, por medio de una meditación diligente y la entrega de toda nuestra mente a nuestra obra por el Señor, obtendremos un aprovechamiento que será manifiesto a todos. Hemos de sacarle provecho a la Palabra de Dios, no mediante una lectura apresurada, sino a través de una profunda meditación. No es haciendo descuidadamente una gran cantidad de trabajo, sino haciendo todo aquello que emprendamos de la mejor manera, que obtendremos un aprovechamiento real. “En toda labor hay fruto”, mas no en el ajetreo y la prisa que carecen de una verdadera energía de corazón. Si nos dividimos entre Dios y las riquezas, o entre Cristo y el yo, no lograremos ningún progreso. Hemos de entregarnos enteramente a las cosas santas, pues de lo contrario seremos pobres comerciantes en el negocio celestial, y en nuestra participación accionaria no se reflejará ninguna ganancia. ¿Soy un ministro? Entonces he de ser enteramente un ministro, y no he de gastar mis energías en ocupaciones secundarias. ¿Qué tengo yo que ver con políticas partidistas, o vanas diversiones? ¿Soy un cristiano? Entonces he de convertir el servicio a Jesús en mi ocupación, mi obra vital y mi única ocupación. Debemos estar completamente unidos con Jesús, y luego completamente entregados a la obra por Jesús, pues de lo contrario no progresaremos ni daremos fruto, y ni la iglesia ni el mundo sentirán esa poderosa influencia que el Señor quiere que ejerzamos. La Chequera del Banco de la Fe. Traducción de Allan Román