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Charles Spurgeon

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  • AGOSTO 14 Gozo perfecto "Por cuanto me has alegrado, oh Jehová, con tus obras". Salmo 92:4. ¿CREES que tus pecados han sido perdonados y que Cristo los ha expiado completamente? Entonces, ¡qué cristiano feliz tienes que ser tú! ¡Cómo debieras vivir por encima de las comunes pruebas e inquietudes de este mundo! Ya que tus pecados te son perdonados, ¿qué importa lo que te pueda acontecer ahora? Lutero dijo: “Hiéreme, Señor, hiéreme, porque mis pecados están perdonados; si tú me has perdonado, hiéreme tan profundamente como quieras”. Y en un espíritu semejante, tú también puedes decir: “Manda enfermedad, pobreza, pérdidas, aflicciones y persecuciones como quieras. Tú me has perdonado, y mi alma está alegre”. Cristiano, si tú eres salvo, al mismo tiempo que estás alegre está también agradecido. Allégate a la cruz que quitó tus pecados; sirve al que te sirvió a ti. “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro racional culto”. Que tu celo no se evapore en una mera ebullición de canto. Muestra tu amor con pruebas evidentes. Ama a los hermanos del que te amó. Doquiera haya un Mephi-boseth, que esté lisiado o cojo, ayúdalo por causa de Jonatán. Si hay algún creyente en aflicción, llora con él, y lleva su cruz, por amor al que lloró por ti y cargó tus pecados. Ya que eres perdonado gratuitamente por Cristo, ve, cuenta a otros las alegres nuevas del perdón. No te satisfagas con gozar sólo tú de esta inefable bendición, sino publica a los cuatro vientos la historia de la cruz. La cristiana alegría y la santa intrepidez te harán un buen predicador, y el mundo entero será para ti un púlpito donde puedas predicar. La santidad llena de alegría es el más eficaz de los sermones, pero el Señor debe dártela. Búscala esta mañana antes de salir de tu casa. Cuando nos gozamos en la obra del Señor, no debemos temer estar demasiado alegres.

  • AGOSTO 13 Siendo como cedros llenos de la savia que nos da el Señor “Los cedros del Líbano que él plantó”. Salmo 104:16. LOS cedros del Líbano son un símbolo del cristiano, en el hecho de que todos han sido plantados por el Señor. Esto es muy cierto en cuanto a cada hijo de Dios, pues no lo plantó hombre alguno, ni se plantó a sí mismo, sino ha sido plantado por Dios. La misteriosa mano del Espíritu divino dejó caer la viva simiente en un corazón que él había preparado de antemano para que la recibiese. Todo heredero del cielo reconoce que ha sido plantado por el gran Labrador. Además, los cedros del Líbano no dependen del hombre para su riego, pues están en las altas rocas, no humedecidos por humana irrigación. Sin embargo, nuestro Padre celestial les da el riego necesario. Así pasa con el cristiano que ha aprendido a vivir por fe. El es independiente del hombre, aun en las cosas temporales. Espera, para su sustento, únicamente en Dios. El rocío del cielo es su porción y el Dios del cielo es su manantial. Por otra parte, los cedros del Líbano no están protegidos por ningún poder humano. Ellos no deben nada del hombre por haber sido preservados del viento huracanado y de la tempestad. Son árboles de Dios guardados y preservados por él, y sólo por él. Pasa precisamente lo mismo con el cristiano. No es una planta de invernáculo puesta a cubierto de la tentación; al contrario, está en el lugar más expuesto. No tiene más amparo ni protección que las amplias alas del Dios eterno, que cubren siempre los cedros que él mismo plantó. A semejanza de los cedros, los creyentes están llenos de savia, teniendo suficiente vitalidad como para estar siempre verdes, aun en medio de las nieves del invierno. Por último, la floreciente y majestuosa condición de los cedros, debe ser motivo para la alabanza de Dios. Sólo el Señor ha sido el todo para los cedros, y por eso David dice muy melancólicamente en uno de los salmos: “Alabad a Jehová, árboles frutales y todos los cedros”. En el creyente no hay nada que magnifique al hombre; fue plantado, y es nutrido y protegido por su Señor.

  • AGOSTO 12 Recordemos, en nuestras penas, que Él reina “¡Jehová reina, regocíjese la tierra!” Salmo 97:1. MIENTRAS lo que dice este versículo sea verdad no hay motivos para inquietud. Sobre la tierra, el poder del Señor domina tan fácilmente la furia del impío como la furia de la mar; su amor vivifica al pobre con misericordia como vivifica a la tierra con las lluvias. La Majestad brilla con resplandor de fuego en medio de los horrores de la tempestad, y la gloria del Señor se ve en toda su grandeza en la caída de los imperios y en el derrumbe de los tronos. En todos nuestros conflictos y en todas nuestras tribulaciones podemos contemplar la mano del divino Rey. Dios es Dios; él ve y oye todas nuestras inquietudes y todas nuestras lágrimas. Alma no olvides en medio de tus penas, que Dios reina para siempre. En el infierno, los malos espíritus confiesan, con dolor, la indudable supremacía de Dios. Cuando se les permite vaguear, lo hacen con una cadena en sus talones; el freno está puesto en la boca del behemot y el anzuelo en la boca del leviatán. Los dardos de la muerte, las prisiones del sepulcro y sus guardias están bajo el dominio del Señor. La terrible venganza del juez de toda la tierra hace que los demonios se agachen y tiemblen, como tiemblan los perros ante el látigo del cazador de la perrera. No temas la muerte ni los embates de Satán; Dios defiende a los que en él confían. Alma, recuerda en tus penas que Dios reina para siempre. En el cielo, ninguno duda de la soberanía del Rey eterno; todos se echan sobre sus rostros para rendirle homenaje. Los ángeles son sus cortesanos; los redimidos, sus preferidos, y todos se gozan en servirlo día y noche. ¡Dios quiera que lleguemos pronto a la ciudad del gran Rey! En la larga noche de esta vida de tristeza, él nos dará paz y alegría. Alma, recuerda en tus penas que Dios reina para siempre.

  • AGOSTO 11 Mirando el presente con satisfacción “¡Quién me tornase como en los meses pasados!” Job 29:2. NUMEROSOS cristianos pueden ver el pasado con alegría, pero miran el presente con descontento. Recuerdan los días que pasaron en comunión con el Señor y los consideran los más agradables y los mejores que jamás han conocido, pero los días presentes, los ven vestidos de luto, de melancolía y de tristeza. Estos cristianos vivían una vez cerca de Jesús, pero ahora se dan cuenta de que vagan lejos de él, y dicen: “¡Quién me tornase como en los meses pasados!” Lamentan haber perdido sus testimonios; se quejan porque actualmente no tienen paz, o porque no experimentan placer en los medios de gracia, o porque sus conciencias no son muy sensibles, o porque no tienen mucho celo por la gloria de Dios. Las causas de este lamentable estado de cosas son múltiples. Puede ser la dejadez en la vida de oración, pues allí empiezan todas las decadencias espirituales. Quizás sea el resultado de la idolatría; el corazón estará acaso ocupado con alguna otra cosa que no es Dios. Los afectos habrán sido puestos, quizás, sobre las cosas de la tierra, y no en las del cielo. Un Dios celoso no se contentará con un corazón dividido; él tiene que ser amado primero y mejor. Dios apartará la luz de su presencia del corazón frío y descarriado. Quizás la causa sea la confianza en sí mismo y la justicia propia. El orgullo se muestra activo en el corazón, y el egoísmo, en lugar de yacer al pie de la cruz, está exaltado en el corazón. Cristiano, si no te hallas ahora “como en los meses pasados”, no quedes satisfecho con desear volver a tu felicidad primitiva, sino ve enseguida y busca a tu Maestro, y dile tu triste estado. Pídele su gracia y su poder para andar con él más íntimamente. Humíllate delante de él y él te ensalzará y te permitirá gozar otra vez de la luz de su rostro. No te sientes a suspirar y a lamentar. Mientras viva el Médico divino hay esperanza; más aún, hay seguridad de sanidad.

  • AGOSTO 10 Cristo, la sustancia de nuestra vida espiritual “Cristo, nuestra vida”. Colosenses 3:4. ESTA rica expresión del apóstol Pablo indica que Cristo es la fuente de nuestra vida. “A vosotros os dio vida, estando muertos en las transgresiones y en los pecados”. La misma voz que sacó a Lázaro de la tumba nos levantó en novedad de vida. El es ahora la substancia de nuestra vida espiritual. Por su vida vivimos nosotros. El es en nosotros la esperanza de gloria, el móvil de nuestros actos, el pensamiento central que estimula todo otro pensamiento. Cristo es la substancia de nuestra vida. ¿De qué puede alimentarse el cristiano sino de la carne y de la sangre de Jesús? “Este es el pan que descendió del cielo, para que el que de él comiere no muera”. ¡Oh cansados peregrinos de este desierto de pecado, nunca recibáis bocado alguno para satisfacer el hambre de vuestros espíritus, salvo el que se halla en Jesús! Cristo es el solaz de nuestra vida. Todos los verdaderos goces vienen de él; y en tiempos de prueba, su presencia es nuestra consolación. Sólo por él vale la pena vivir, y su cariño es mejor que la vida. Cristo es el objeto de nuestra fe. Como se apresura la nave para llegar al puerto, así se apresura el creyente por llegar al seno de su Salvador. Como vuela la flecha hacia su blanco, así vuela el cristiano hacia el perfeccionamiento de la comunión con Cristo Jesús. Como el soldado lucha por su capitán, y es recompensado cuando este triunfa, así el creyente lidia por Cristo y obtiene su triunfo en los triunfos de su Maestro. “Para él vivir es Cristo”. Cristo es el dechado de nuestra vida. Donde existe la misma vida interior, tiene que haber, y habrá, el correspondiente desarrollo exterior; y si nosotros vivimos en estrecha comunión con el Señor Jesús, nos asemejamos a él. Lo pondremos delante de nosotros como nuestro divino modelo, y procuraremos andar en sus pasos hasta que, en la gloria, llegue a ser nuestra corona. ¡Oh cuán feliz, honrado y seguro se siente el cristiano cuya vida es Cristo!

  • AGOSTO 9 Los que están allí lo hallan todo en Cristo Jesús “La ciudad no tenía necesidad de sol, ni de luna, para que resplandezcan en ella”. Apocalipsis 21:23. ALLÁ en el mundo mejor, los que lo habitan viven independientes de todas las comodidades terrenales. Ni tienen necesidad de vestido; sus ropas blancas nunca se gastan ni se mancharán jamás. No tienen necesidad de medicina para sanar enfermedades, pues nunca estarán enfermos. No tienen necesidad de sueño para reparar sus energías; no descansan ni de día ni de noche, sino lo alaban incansablemente en su templo. No necesitan relaciones sociales que les den solaz; y sea cual fuere la felicidad que puedan derivar de la asociación con sus amigos, esta no es esencial a su gloria, pues la compañía de su Señor es suficiente para satisfacer sus más amplios deseos. No necesitan maestros; ellos, indudablemente, conversan unos con otros tocante a las cosas de Dios, pero no lo hacen para instruirse, porque todos serán enseñados por el Señor. La nuestra es una caridad que se obtiene a la puerta del rey, pero ellos banquetean en su misma mesa. Aquí nos apoyamos en el brazo amigo, pero allí se apoyan en el Amado. Aquí necesitamos la ayuda de nuestros compañeros, pero los que están allí hallan todo lo que necesitan en Cristo Jesús. Aquí miramos a la comida que perece, y al vestido que se deshace ante la polilla, pero allí hallan todas las cosas en Dios. Nosotros usamos el balde para sacar agua del pozo, pero los que están allí beben de la fuente principal y mojan sus labios en las aguas vivas. Aquí los ángeles nos traen bendiciones, pero allí no necesitaremos de estos mensajeros. No necesitarán de Gabriel para que les traiga los mensajes del amor de Dios, porque ellos lo verán cara a cara. ¡Oh, qué tiempo bendito será aquel cuando, dejando atrás todo lo secundario, descansemos sólo sobre el brazo de Dios! ¡Qué gloriosa hora será aquella cuando Dios y no sus criaturas, cuando el Señor y no sus obras sean nuestro gozo cotidiano!

  • AGOSTO 8 Que sea Jesús nuestro eterno escondedero “Tejen telas de araña”. Isaías 59:5. MIRA la telaraña y observa en ella un cuadro muy sugestivo de la religión del hipócrita. Esa tela tiene la misión de cazar a la víctima. La araña se alimenta de moscas, y el fariseo “tiene su recompensa”. Las personas simples caen fácilmente en la trampa, al oír las altisonantes declaraciones del hipócrita, y aun las más sensatas no siempre escapan. Felipe bautizó a Simón el Mago cuya engañosa manifestación de fe fue pronto condenada por la severa reprensión de Pedro. La costumbre, la fama, la alabanza, el ascenso y otras moscas son las pequeñas víctimas que el hipócrita toma en su red. La telaraña es una maravilla artística. Mírala y contempla la astucia del cazador. ¿No es igualmente admirable la religión del engañador? ¿Cómo hace para mentir tan descaradamente? ¿Cómo hace para que su oropel aparezca como oro? La telaraña procede del vientre de la araña. La abeja toma su cera de las flores; la araña no liba en las flores, pero sin embargo hace hilos largos. También el hipócrita halla en sí mismo su confianza y su esperanza. Su ancla fue forjada en su propio yunque, y su cable retorcido con sus propias manos. El puso los cimientos y talló las columnas de su casa, rechazando desdeñosamente la soberana gracia de Dios. Pero la telaraña es muy frágil. Está primorosamente trabajada, pero no dura nada. No es adecuada para la escoba del sirviente o para el báculo del viajero. No se necesita la batería de Armstrong para hacer volar en pedazos al hipócrita; un poco de viento alcanza. Las hipócritas telarañas desaparecerán enseguida cuando el escobón de la destrucción empiece su obra purificadora. Y, por fin, las telarañas no se tolerarán en la casa del Señor. Dios hará que tanto ellas como los que las tejen sean destruidos para siempre. ¡Oh alma mía!, descansa sobre algo mejor que sobre una telaraña. Sea el Señor Jesús tu eterno escondedero.

  • AGOSTO 7 Lamentándonos de no amar lo suficiente "Los rectos te aman”. Cantares 1:4. LOS creyentes aman a Jesús más intensamente que a cualquier otro ser. Preferirían antes perder al padre y a la madre que apartarse de Cristo. Ellos miran los bienes terrenales con cierta indiferencia, pero, en cambio, llevan en sus corazones, herméticamente cerrado, a Cristo Jesús. Voluntariamente se niegan a sí mismos por causa de él, pero no han de ser inducidos a negarlo. Tiene que ser muy pobre el amor que puede ser agotado por el fuego de la persecución. El amor del verdadero creyente es un río más caudaloso. Los hombres se han esforzado por apartar al fiel del lado de su Maestro, pero sus intentos siempre resultaron infructíferos. Ni las coronas de honor ni el rigor de la ira han desatado este nudo más perfecto que el gordiano. Esta no es una unión común que, a la larga, el poder del mundo romperá. Ni el hombre ni el demonio ha podido hallar una llave que abra esta cerradura. La astucia de Satán nunca se halló más perpleja que cuando él la ha utilizado para romper en dos este vínculo de dos corazones divinamente unidos. Está escrito y nada lo podrá borrar: “Los rectos te aman”. La intensidad del amor de los rectos no debe ser juzgada tanto por lo que aparece ser, sino por lo que los rectos ansían que sea. Diariamente nos lamentamos de que no amamos suficiente. Quisiéramos que nuestros corazones pudiesen tener más, y alcanzar más. A semejanza de Samuel Rutherford suspiramos y clamamos: “En busca de tanto amor como quisiera tener, rodearía la tierra e iría al cielo; sí, al cielo de los cielos, y a diez mil mundos, para, después, ponerlo todo sobre el hermoso, inmaculado y perfecto Jesús”. Todo lo que podemos alcanzar representa sólo un palmo de amor. Si medimos nuestro amor por lo que quisiéramos que fuese, resulta elevado, en verdad; y creemos que así lo juzga el Señor. ¡Oh si pudiésemos reunir el amor de todos los corazones en un gran montón y dárselo a Jesús, que es del todo codiciable!

  • AGOSTO 6 Guardando vigilantes su llegada en Espíritu “Guarda, ¿qué de la noche?” Isaías 21:11. “GUARDA, ¿qué de la noche?” ¿Qué de los enemigos que están afuera? Los errores son numerosos; y a cada instante aparece uno nuevo. ¿Contra cuál herejía debo estar alerta? Los pecados salen de sus guaridas durante la noche. Yo mismo debo subir a la torre del atalaya y velar en oración. Nuestro Protector Celestial prevé todos los ataques que el demonio está por hacernos, y cuando el diablo está aun ideando los males que nos hará, Jesús ora por nosotros para que, al llegar el momento de ser zarandeados como trigo, nuestra fe no falte. ¡Prosigue, oh bondadoso atalaya, avisándonos cuando se acerquen nuestros enemigos, y, por amor de Sión, no calles! “Guarda, ¿qué de la noche?” ¿Cómo se presenta el tiempo para la Iglesia? ¿Está aclarando o nublándose? Tenemos que cuidar de la Iglesia de Dios con ansioso amor; y ahora que el papismo y la infidelidad nos amenazan, tenemos que fijarnos en las señales de los tiempos y prepararnos para la lucha. “Guarda, ¿qué de la noche?” ¿Qué estrellas se muestran en el firmamento? ¿Cuáles son las preciosas promesas que se adaptan a nuestra presente situación? Si tocas alarma, oh atalaya, danos también la consolación. Cristo, la estrella polar, está siempre en su sitio; y todas las estrellas están seguras a la diestra de su Señor. Pero, guarda, ¿cuándo vendrá la mañana? El Esposo tarda. ¿No hay señales de su venida como Sol de justicia? ¿No salió aun la estrella matutina como señal de que viene el día? ¿Cuándo vendrá el día y huirán las sombras? ¡Oh Jesús!, si tú no vienes en persona a tu Iglesia hoy, ven por lo menos en espíritu a mi corazón, hazlo cantar de gozo.

  • AGOSTO 5 Aceptando todo lo que viene de Dios “Sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien”. Romanos 8:28. SOBRE algunos puntos el creyente está absolutamente seguro. Sabe, por ejemplo, que Dios está sentado en la cámara de la embarcación, cuando ésta más se balancea. Cree que una mano invisible está siempre sobre la caña del timón del mundo, y sea cualquiera el lugar a donde nos lleve la providencia, Jehová gobierna la nave. Este conocimiento tranquilizador lo prepara para cualquier cosa. El creyente mira a las embravecidas aguas y el espíritu de Jesús que anda sobre las olas, y oye una voz que le dice: “Yo soy, no temas”. Sabe, además, que Dios es siempre sabio, y, conociendo esto, confía en que no habrá ni errores ni accidentes casuales, y en que no puede ocurrir nada que no deba acontecer. El, bien puede decir: “Es mejor perder que ganar, si así lo dispone el Señor. La peor calamidad que me pudiera sobrevenir, sería para mí, si el Señor así lo ordena, lo mejor y lo más conveniente”. “Sabemos que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien”. El cristiano no sostiene esto meramente como una teoría, sino lo conoce como un hecho positivo. Todas las cosas ayudan a bien aun ahora. Las drogas venenosas mezcladas en adecuadas proporciones han obrado la sanidad; los tajos del bisturí han purificado a la presuntuosa carne y han facilitado la cura. Cada acontecimiento obra todavía los más benditos y excelentes resultados. Y así, creyendo que Dios lo rige todo, que gobierna con sabiduría, que saca bien del mal, el corazón del creyente se siente seguro y en condiciones de hacer frente, con serenidad, a cualquier prueba. El creyente puede orar, con verdadero espíritu de resignación, así: “Siempre que venga de ti, envíame lo que quieras, Dios mío”.

  • AGOSTO 4 Cuanto más conocimiento, más amor y fuerza “El pueblo que conoce a su Dios se esforzará”. Daniel 11:32. TODO creyente sabe que conocer a Dios es el más elevado y el mejor de los conocimientos; y este conocimiento espiritual es una fuente de fortaleza para el cristiano. El conocimiento fortalece su fe. En las Escrituras se habla frecuentemente de los creyentes, como personas iluminadas y enseñadas por Dios. Se dice que “tienen la unción del Santo”, y es misión peculiar del Espíritu Santo el guiarlos a toda verdad, y todo esto para el crecimiento y nutrimiento de su fe. El conocimiento fortalece al amor. El conocimiento abre la puerta, y a través de ella vemos a nuestro Salvador. O, para usar otro símil, el conocimiento pinta el retrato de Jesús, y, cuando lo vemos, entonces lo amamos, pues no podemos amar a un Cristo que no conocemos, por lo menos, en algún grado. Si conocemos poco de las excelencias de Jesús, poco de lo que ha hecho y está haciendo por nosotros, no podemos amarlo mucho, pero cuanto más lo conozcamos tanto más lo amaremos. El conocimiento fortalece la esperanza. ¿Cómo podemos esperar una cosa si ignoramos su existencia? Nuestra esperanza puede ser el telescopio, pero hasta que no recibamos instrucción, permanecemos ignorantes ante el lente y no vemos nada. El conocimiento remueve los objetos interpuestos, y cuando miramos a través del claro telescopio, discernimos la gloria que ha de ser revelada y la anticipamos con gozosa confianza. El conocimiento nos enseña el por qué de la paciencia. ¿Cómo tendremos paciencia si no conocemos nada de la compasión de Cristo, y no entendemos el bien que proviene de la corrección que nos envía nuestro Padre celestial? No hay una sola gracia que bajo la protección de Dios, no sea nutrida y llevada a la perfección en el santo conocimiento. ¡Cuán importante es, entonces, que crezcamos no sólo en la gracia, sino también en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo!

  • AGOSTO 3 La luz es el fundamento de la belleza “Y el Cordero es su lumbrera”. Apocalipsis 21:23. CONTEMPLA con tranquilidad al Cordero, como la lumbrera del cielo. La luz es en la Biblia el emblema del gozo. El gozo de los santos en el cielo está comprendido en estas palabras: Jesús nos eligió, nos amó, nos compró, nos limpió, nos vistió, nos guardó y nos glorificó: estamos aquí únicamente por la mediación de Jesús. Cada uno de estos pensamientos será para ellos semejante a un racimo de uvas de Escol. La luz es además el fundamento de la belleza. No hay belleza cuando no hay luz. Sin luz el zafiro no brilla ni luce la perla. Así también, toda la belleza de los santos que están en el cielo procede de Jesús. Ellos reflejan, como los planetas, la luz del Sol de Justicia; existen como rayos que proceden del astro central. Si él se retira, ellos mueren. Si su gloria se oculta, la de ellos expira. La luz es también el emblema del conocimiento. En el cielo nuestro conocimiento será perfecto, pero el Señor Jesús será su fuente. La enigmática providencia, que nunca antes hemos entendido, la entenderemos claramente, y todo lo que ahora nos confunde, nos será comprensible con la luz del Cordero. ¡Oh!, qué revelaciones y qué glorificación del amor de Dios habrá allí. La luz también significa manifestación. La luz manifiesta. En el mundo, “aun no se ha manifestado lo que hemos de ser”. El pueblo de Dios es un pueblo oculto, pero cuando Cristo lo reciba en el cielo, lo tocará con la vara de su amor y lo cambiará en la imagen de su gloria. Los componentes de este pueblo fueron pobres y desdichados, pero ¡qué transformación! Estuvieron manchados de pecado, pero con un toque de su dedo quedarán tan brillantes como el sol y tan claros como el cristal. ¡Oh!, qué manifestación. Todo esto procede del sublime Cordero. Jesús será el centro y el alma de cuanto refulgente esplendor haya allí. ¡Oh!, qué será estar presente y verlo en su propia luz, como el Rey de reyes y Señor de señores.

  • AGOSTO 2 Jehová obró con los suyos como le plugo “Que hace todas las cosas según el consejo de su voluntad”. Efesios 1:11 NUESTRA creencia en la sabiduría de Dios presupone y requiere que el Señor tenga un plan y un propósito determinados en la obra de la salvación. ¿Qué habría sido la creación sin un designio? ¿Hay algún pez en el mar o alguna ave en el aire que fueron formados al azar? De ninguna manera; en cada hueso, en cada coyuntura y en cada músculo; en cada tendón, en cada glándula y en cada vaso sanguíneo, se puede ver la presencia de un Dios que obra según el designio de su infinita sabiduría. ¿Está Dios presente en la creación, rigiendo todas las cosas, y no estará en la gracia? ¿Estará librada la nueva creación al veleidoso genio del libre albedrío, cuando el consejo divino rige la antigua creación? ¡Mira a la providencia! ¿Quién no sabe que “ni un pájaro cae a tierra sin vuestro Padre”? “Aun vuestros cabellos están todos contados”. Dios pesa en balanzas las montañas de nuestro dolor y los cerros de nuestra tribulación. ¿Estará Dios en la providencia y no en la gracia? ¿Existirá la cáscara por disposición de la sabiduría, y en cambio el meollo será abandonado al ciego azar? ¡No! Dios conoce el fin desde el principio; ve en su debido lugar, no sólo la piedra angular, de hermosos colores, que él colocó, con la sangre de su amado Hijo; sino, ve también las piedras escogidas, sacadas de la cantera, y pulidas por su gracia. Dios ve todo el edificio desde los cimientos hasta el techo. El conoce claramente cada piedra que ha de ser colocada en el lugar que le ha sido preparado, y sabe también cuán vasto ha de ser el edificio y cuándo la piedra de remate ha de aparecer con aclamaciones de “¡Gracia, gracia a ella!” Al fin, se verá claramente que en cada vaso de misericordia, Jehová obró con los suyos como le plugo; y que en cada parte de la obra de la gracia cumplió su propósito y glorificó su propio nombre.

  • AGOSTO 1 Espigando las preciosas promesas "Ruégote que me dejes ir al campo, y recogeré espigas”. Rut 2:2. ABATIDO y turbado cristiano, ven y espiga hoy en el amplio campo de la promesa. Aquí abundan las preciosas promesas, que satisfacen precisamente tus necesidades. Considera esta: “La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará”. ¿No se adapta esto a tu caso? Una caña desvalida, insignificante y débil; una caña cascada, de la cual no sale música, y que es más débil que la misma debilidad. Aunque tú seas una caña cascada, él no te quebrará, sino que te restaurará y fortalecerá. Tú eres semejante al pábilo que humea; ni luz ni calor proceden de ti; sin embargo no te apagará. Soplará con su suave aliento de misericordia hasta transformarte en una llama. ¿Quieres recoger otra espiga? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar”. ¡Qué suaves palabras! Tu corazón es tierno, y el Maestro lo conoce; es por eso que te habla tan suavemente. ¿No quieres obedecerlo y venir a él ahora mismo? Toma esta otra espiga de grano: “No temas, gusano de Jacob, yo te socorreré, dice Jehová y tu Redentor, el Santo de Israel”. ¿Cómo puedes temer, teniendo una seguridad tan admirable como esta? Tú puedes recoger diez mil espigas de oro como estas: “Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como a niebla tus pecados”. “Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. “El Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiere, tome del agua de la vida de balde”. El campo de nuestro Maestro es muy rico; he aquí los manojos. ¡Mira, están delante de ti, tímido creyente! Júntalos, aprópiatelos, pues Jesús te ordena tomarlos. “No temas, cree solamente”. Toma estas dulces promesas, desgránalas con la meditación, y aliméntate de ellas con gozo.

  • JULIO 31 En continua y perpetua comunión con Él "Yo en ellos". Juan 17:23. SI tal es la unión que existe entre nuestras almas y la persona de nuestro Señor, ¡cuán profundo y amplio es el canal de nuestra comunión! Este no es un conducto estrecho por el que sólo una reducida corriente de agua puede seguir su curso; es, más bien, un canal de asombrosa anchura y profundidad, a lo largo de cuya gloriosa extensión, un importante volumen de aguas vivas hacen rodar sus torrentes. He aquí, él ha puesto delante de nosotros una puerta abierta; no tardemos en entrar. Esta ciudad de comunión tiene muchas puertas de perlas. Cada una de las distintas puertas es de una perla, y cada puerta está completamente abierta para que podamos entrar, seguros de ser bienvenidos. Si sólo hubiese una pequeña abertura por la que pudiésemos hablar con Jesús, sería un alto privilegio el hacer pasar una palabra de comunión a través de la puerta estrecha. ¡Cuán bendecidos somos, al contar con tan amplia entrada! Si el Señor estuviese lejos de nosotros, separado por muchos y tempestuosos mares, ansiaríamos enviarle un mensajero que le llevara nuestro amor y nos trajese nuevas de la casa de su Padre. Pero, mira su bondad: El ha edificado su casa cerca de la puerta de la nuestra; más aún: El se hospedó con nosotros y reside en pobres y humildes corazones, para tener con nosotros perpetuas relaciones. ¡Oh!, cuán necios somos si no vivimos en constante comunión con él. Cuando el camino es largo, peligroso y dificultoso, no tenemos que admirarnos si los amigos rara vez se encuentran, pero cuando viven juntos, ¿cómo olvidará Jonatán a su David? Una esposa, cuando su marido está de viaje, queda muchos días sin sostener con él conversación, pero si está en una de las piezas de su casa, no podría resignarse a estar separada de él. Creyente, ¿por qué no te sientas en su banquete de amor? Busca a tu Señor, pues está cerca. Abrázalo, que es tu hermano; tenlo fuertemente, pues es tu esposo.

  • JULIO 30 No miremos al pecado con ojos indiferentes “Y pensando en esto, lloraba”. Marcos 14:72. ALGUNOS piensan que Pedro, mientras vivió, lloraba al recordar que había negado a su Señor. No es improbable que sea así, pues su pecado era muy grande, y, después, la gracia tuvo en él su obra perfecta. Esta misma experiencia es común a toda la familia de los redimidos, según el grado en que el Espíritu de Dios haya cambiado el corazón de piedra. Nosotros, como Pedro, recordamos nuestra jactanciosa promesa: “Aunque todos sean escandalizados, mas no yo”. Nosotros también comimos nuestras palabras con las hierbas amargas del arrepentimiento. Cuando pensamos en lo que prometimos ser y en lo que en realidad fuimos, bien podemos verter torrentes de lágrimas. Pedro pensaba en que había negado a su Señor. Pensaba en el lugar en que lo hizo, en el insignificante motivo que lo condujo a tan grave pecado, en los juramentos y blasfemias que usó para confirmar su falsedad, y en la terrible dureza de corazón que lo arrastró a obrar así repetidas veces. Cuando recordamos nuestros pecados, “sobremanera pecantes”, ¿podemos permanecer impasibles e indiferentes? ¿No haremos de nuestra casa un “Bochim”, y clamaremos al Señor, pidiéndole que nos renueve las seguridades de su amor perdonador? Que nunca miremos al pecado con ojos indiferentes para que no tengamos, dentro de poco, la lengua quemada con las llamas del infierno. Pedro pensaba también en la amorosa mirada de su Maestro. El Señor acompañó la señal del canto del gallo con una mirada de tristeza, de compasión y de amor. Aquella mirada Pedro no la olvidó jamás. Fue más eficaz que diez mil sermones sin el poder del Espíritu. El penitente apóstol lloraría, sin duda, al recordar el amplio perdón que le dio el Salvador, quien lo restauró a su posición anterior. Pensar que hemos ofendido a tan bondadoso y clemente Señor, es más que suficiente para que lloremos constantemente. Señor, hiere nuestro duro corazón y haznos llorar.

  • JULIO 29 Los ojos del Señor nunca duermen vigilando mi bien “Sin embargo, yo siempre estoy contigo”. Salmo 73:23. “SIN embargo”. Como si, no obstante toda la insensatez e ignorancia que ha confesado recientemente a Dios, David quisiese afirmar que estaba seguro de su salvación y aceptación, y que gozaba de la bendición de estar constantemente en su presencia. Plenamente consciente de su propio estado de perdición y de la falsedad y vileza de su naturaleza, canta, no obstante, estas palabras, en una gloriosa explosión de fe: “Yo siempre estoy contigo”. Creyente, tú estás obligado a entrar en la confesión y reconocimiento de Asaph; procura decir en el mismo espíritu: “Sin embargo, desde que pertenezco a Cristo, estoy siempre con Dios”. Es decir, “siempre en su mente”, pues él siempre está pensando en mí para bien. Siempre delante de sus ojos, porque los ojos del Señor nunca duermen, sino vigilan siempre mi bienestar. Siempre en sus manos, de manera que nadie puede arrebatarme. Siempre en su corazón, como un memorial, a semejanza del sumo sacerdote que llevaba siempre los nombres de las doce tribus sobre su corazón. ¡Oh Dios!, tú siempre piensas en mí. Las entrañas de tu amor siempre suspiran por mí. Tú siempre eres próvido para conmigo; me has puesto en brazo como un sello. Tu amor es fuerte como la muerte; las muchas aguas no lo pueden apagar ni lo ahogarán los ríos. ¡Maravillosa gracia!, tú me miras en Cristo, y aunque por mí mismo soy aborrecible, me contemplas cubierto con las vestiduras de Cristo, y lavado en su sangre; y así permanezco acepto en tu presencia. Yo continuamente gozo de tu gracia, “siempre estoy contigo”. Aquí hay solaz para el alma afligida y probada; que está acosada con tormenta interior, pero atendida con la calma que viene de afuera. “Sin embargo”. Di esto en tu corazón y recibe la paz que te trae. “Sin embargo, yo siempre estoy contigo”.

  • JULIO 28 Teniendo por guía su sabio consejo “Yo era insensato y no entendía; era como una bestia acerca de ti”. Salmo 73:22. TEN presente que esta es la confesión del hombre que, como está escrito, fue según el corazón de Dios, y que al revelarnos su vida interior, escribe: “Yo era insensato y no entendía”. La palabra insensato en este pasaje significa más de lo que parece. David en un versículo anterior escribe: “Tuve envidia de los insensatos, viendo la prosperidad de los impíos”, lo que muestra que la insensatez de la que habla era en sí pecado. El, pues, se considera insensato. En qué medida lo era, él no lo podría decir. Esa insensatez era pecaminosa, una insensatez que no podría excusarse de fragilidad, sino tenía que ser condenada por su perversidad y por su terca ignorancia, pues ha envidiado la presente prosperidad del impío y ha olvidado el espantoso fin que le espera. ¿Somos nosotros mejores que David para llamarnos sabios? ¿Pretendemos haber alcanzado perfección o haber sido tan purificados como para afirmar que la disciplina ya quitó de nosotros toda terquedad? Esto sería presunción. Si David era insensato, ¿cuán insensatos seríamos nosotros en nuestra propia consideración, si sólo pudiésemos vernos a nosotros mismos? Reflexiona, creyente; recuerda cómo has dudado de Dios, siendo él tan fiel contigo; cómo gritaste: “No así, Padre mío”, cuando él se retorcía en aflicción para darte la mayor bendición. Recuerda cuántas veces miraste con pesimismo su providencia, interpretaste mal sus dispensaciones, y gemiste diciendo: “Todas estas cosas son contra mí”, cuando todas las cosas cooperaban juntas para tu bien. Piensa en cuán frecuentemente has escogido el pecado por placer, cuando, en verdad, ese placer fue para ti una raíz de amargura. Si conocemos nuestro propio corazón, tenemos que confesarnos culpables ante la acusación de pecaminosa insensatez; y conscientes de esto, tenemos que hacer nuestra la resolución de David: “Tú me guiarás según tu consejo”.1

  • JULIO 27 Calidad y extensión de las promesas “Preciosas y grandísimas promesas”. 2 Pedro 1:4. SI deseas conocer por experiencia la preciosidad de las promesas y gozarlas en tu propio corazón, medita mucho en ellas. Hay promesas que son como uvas en el lagar: si las pisas saldrá el jugo. La meditación de la santa palabra será a menudo el preludio de su cumplimiento. Mientras estás meditando en ella, vendrá gradualmente la bendición que buscas. Muchos cristianos que han ansiado lo prometido, hallaron que la gracia que la promesa les aseguraba, estaba descendiendo a sus almas mientras ellos estaban aun considerando la divina palabra; y se alegraron de que siempre hayan sido guiados a poner la promesa cerca del corazón. Pero, aparte de meditar en las promesas, procura recibirlas como palabras de Dios. Habla a tu alma así: “Si estuviese tratando con promesa de hombre, consideraría cuidadosamente la capacidad y el carácter del hombre que ha pactado conmigo. Así tengo que obrar con las promesas de Dios. Mis ojos no deben fijarse tanto en la magnitud de la merced, pues esto me puede hacer vacilar; sino más bien en la grandeza del que prometió, porque esto me alentará. Alma mía, el que habla contigo es Dios, el Dios que no puede mentir. Esta palabra suya que ahora estás considerando es tan real como su propia existencia. El es un Dios inmutable; no ha modificado lo que salió de su boca, ni ha anulado una sola palabra de consolación. Tampoco carece de poder; pues él es el Dios que hizo los cielos y la tierra. Menos aun le falta sabiduría para determinar el tiempo cuando ha de enviar sus bendiciones, pues él sabe cuándo es mejor otorgarlas y cuándo es mejor retenerlas. Por lo tanto, teniendo presente que ésta es la palabra de un Dios tan verdadero, tan inmutable, tan poderoso y tan sabio, debo creer la promesa. Si meditamos de esta manera en las promesas, y consideramos al que las prometió, experimentaremos la bondad de las mismas y obtendremos su cumplimiento.

  • JULIO 26 Pon diligencia y tendrás seguridad “Poniendo toda diligencia, mostrad en vuestra fe virtud…” 2ª Pedro 1:5. SI deseas gozar de la eminente gracia de la plena seguridad de la fe, bajo la influencia y asistencia bendita del Espíritu, haz lo que te dice la Biblia: “Pon diligencia”. Cuida de que tu fe sea genuina, que no consista en una mera creencia doctrinal, sino en una fe sincera que depende de Cristo, y sólo de Cristo. Pon diligencia para cuidar de tu coraje. Pide a Dios que te dé el aspecto de un león, para que puedas, con conocimiento de lo recto, ir adelante osadamente. Estudia bien las Escrituras y adquiere conocimiento, pues el conocimiento de la doctrina contribuirá mucho a confirmar tu fe. Procura entender la Palabra de Dios; haz que more perennemente en tu corazón. Cuando hayas hecho esto, “muestra en la ciencia, templanza”. Cuida de tu cuerpo: sé templado exteriormente. Cuida de tu alma: sé templado interiormente. Que tus labios, tu vida, tu corazón, tus pensamientos sean templados. Añade a esto, por el Santo Espíritu de Dios, paciencia. Pídele que te dé la paciencia que soporta la aflicción, la cual, cuando sea probada, saldrá como oro. Vístete de paciencia, para que no murmures ni decaigas en tus aflicciones. Cuando hayas obtenido esa gracia, procura tener temor de Dios. El temor de Dios es algo más que religión. Haz de la gloria de Dios el objeto de tu vida; vive en su presencia; mora cerca de él; procura conseguir comunión con él, y así tendrás temor de Dios. En el temor de Dios muestra amor fraternal. Ten amor a todos los santos. Muestra también la caridad que abre sus brazos a todos los hombres y que ama sus almas. Cuando estés adornado con estas joyas, y en la proporción en que practiques estas virtudes celestiales, llegarás a conocer con más clara evidencia “tu vocación y elección”. “Pon diligencia” si quieres obtener seguridad, pues la tibieza y la duda van de la mano muy naturalmente.