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Crianza Positiva - Educación Emocional

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Conecta con tus hijos a través de la crianza positiva Soy Johannes Ruiz Pitre (@johannesruizpitre) Neuropsicopedagoga, especialista en Inteligencia Emocional, certificada en Disciplina Positiva Puedes leer mis artículos en www.crianzapositiva.es

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  • 18 мар.1 172215

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  • 8 нояб.2 1495010

    Carta a mi hijo: lo que nunca recordarás, pero yo jamás olvidaré No recordarás la primera noche que supe que existías. El silencio era distinto, y dentro de mí comenzó una vida que cambió para siempre la mía. No recordarás cómo te hablaba antes de conocerte, ni cómo mi cuerpo se convirtió en refugio mientras mi alma se preparaba para sostenerte. No recordarás la primera vez que respiraste en mis brazos, ni el temblor de mis manos al descubrir que el amor más puro del mundo tenía tu nombre. No recordarás las madrugadas sin sueño, las canciones inventadas, las promesas que te hacía en voz baja cuando dormías. No recordarás cómo contaba tus respiraciones para convencerme de que todo estaba bien. No recordarás las veces que me mirabas y sonreías sin motivo, y yo sentía que con eso se curaba cualquier herida. No recordarás las tardes de juegos infinitos, ni cómo me reía cuando te enredabas en mis brazos pidiendo “solo un ratito más”. No recordarás los días en que dudé de mí, en que sentí que no sabía ser madre y aun así seguí, porque tu existencia me daba fuerza. No recordarás los primeros pasos, ni cómo temblaba al soltarte y dejarte avanzar. Pero yo sí. Recordaré cada tropiezo, cada “mamá”, cada caída seguida de un abrazo. Y aunque un día ya no quepas en mis brazos, ni busques mi mano para cruzar la calle, seguiré recordando lo pequeño que eras, y lo inmenso que me hiciste sentir. No lo recordarás, pero yo sí. Y cada vez que te mire, en cualquier etapa, reconoceré en tus gestos a todas las versiones de ti que he amado. Porque la memoria de una madre no se guarda en la mente se guarda en el alma. Johannes Ruiz Pitre www.mimitosdemama.es El amor no malcría 💕

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  • 💌 Querida mamá… A veces la rutina te pesa, pero recuerda que en cada gesto cotidiano estás construyendo recuerdos imborrables para tu hijo. Lo que hoy parece repetitivo, mañana será un recuerdo que tu hijo guardará en su corazón para siempre. Johannes Ruiz Pitre www.mimitosdemama.es

  • 💌 Querida mamá… Tu abrazo no resuelve todos los problemas, pero hace que el mundo de tu hijo siempre tenga un lugar seguro. Porque no siempre tenemos las respuestas, pero siempre podemos ofrecer nuestros brazos. Y eso, para un hijo, es suficiente. ✨ El amor no malcría, el amor da raíces y alas. Johannes Ruiz Pitre www.mimitosdemama.es

  • Cuando no sepas dónde ir, vuelve a ti. A veces olvidas que tú también necesitas refugio. Cuando el cansancio pese más que los brazos, cuando la duda te susurre que no puedes, cuando la culpa intente hacer nido en tu pecho… cierra los ojos, respira hondo y abrázate. Eres tu propio hogar, tu propio sostén, la raíz desde donde florece tu familia. Porque cuando tú te abrazas, el mundo de tu hijo también se calma. Johannes Ruiz Pitre www.mimitosdemama.es

  • Mi papá no aprendió a querer con abrazos, ni creció entre cuentos con final feliz. Aprendió a sobrevivir antes que a sentir, a cargar sacos antes que a soñar. Le enseñaron a callar, a no llorar, a ponerse fuerte cuando por dentro temblaba. No hubo dibujos en la nevera, ni besos antes de dormir, ni palabras que alentaran alas… solo silencios que pesaban más que un día sin sol. Y aun así, me dio todo lo que supo, todo lo que pudo. No aprendió a jugar a las escondidas, pero sí a esconder sus dolores. No me cantó canciones, pero hizo de su trabajo una melodía diaria para sostenernos. No fue un héroe de capa, pero fue un guerrero de jornada completa. Mi papá no fue perfecto. Fue humano. Y en su humanidad aprendí que el amor también se parece a una espalda cansada, a unas manos ásperas, a palabras que no dicen “te quiero”, pero estaba. Y estar… también es amar. pero se queda… siempre se queda. Hoy lo abrazo desde aquí, desde mi adultez que lo comprende, desde mi corazón que aprendió a leer entre sus gestos las palabras que nunca supo pronunciar. Porque aunque no supo ser niño, sí eligió ser padre. Y aunque el amor no le fue heredado, tuvo el coraje de sembrarlo. Hoy, mi abrazo viaja en el tiempo, sana lo que no fue, agradece lo que sí, y le susurra al oído, aunque nunca lo diga: Papá, gracias por amarme a tu manera. Te honro, y en mí, tu historia también se resignifica. Johannes Ruiz Pitre www.mimitosdemama.es

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  • En un mundo donde muchas veces se valora más tener la razón que tener corazón, la empatía se convierte en un regalo revolucionario. Y sí, aunque algunos nacen con una sensibilidad más afinada, la empatía también se aprende, se cultiva… y el mejor lugar para sembrarla es el hogar. Porque no se trata solo de enseñar a decir “gracias” o “perdón”, sino de formar corazones atentos, que sepan mirar al otro y decirle —con gestos, palabras o silencios—: te veo, te escucho, me importas. ¿Qué es realmente la empatía? Desde una perspectiva neurocientífica, la empatía es la capacidad de reconocer, comprender y compartir los sentimientos de los demás. Se activa en áreas del cerebro como la corteza prefrontal, la ínsula y el sistema límbico. Es decir, no es solo una emoción: es también una habilidad cognitiva que se puede fortalecer con la experiencia, el ejemplo y el acompañamiento. Y es en casa, desde la más temprana infancia, donde se aprende ese “idioma del alma” que nos conecta con los demás. Cómo sembrar empatía desde casa Nombrando las emociones Cuando ayudamos a los niños a identificar lo que sienten —“Estás frustrado porque no salió como querías”— les damos un mapa emocional para reconocer también lo que sienten los demás. Modelando la escucha atenta Cuando nos detenemos de verdad a escuchar sus historias, incluso si son sobre dinosaurios imaginarios o peleas con lápices, les enseñamos que lo que sienten importa. Y que así también deben escuchar a los otros. Validando sus vivencias Nada mata más la empatía que minimizar el dolor. Decir “no fue para tanto” o “no llores por eso” es cerrar la puerta a la emoción. En cambio, decir “entiendo que eso te doliera” es abrir una ventana al consuelo. Mostrando que todos somos humanos Cuando pedimos perdón, cuando admitimos que nos equivocamos, estamos enseñando que nadie es perfecto, y que la compasión empieza por uno mismo. Leyendo juntos historias que emocionan Los cuentos son una vía poderosa para imaginar la vida en otros zapatos. Después de leer, podemos preguntar: “¿Cómo crees que se sintió ese personaje?” o “¿Tú qué habrías hecho?” Celebrando los gestos de bondad Cuando nuestro hijo comparte su merienda, consuela a su hermano o defiende a un amigo, reconozcamos esos actos: “Qué bonito lo que hiciste, pensaste en cómo se sentía el otro.” La empatía no se impone, se contagia Criar hijos empáticos es también una forma de sanar al mundo. Porque quien siente al otro, no lastima. Quien comprende, no juzga. Quien se pone en el lugar del otro, no discrimina. Y aunque a veces nos sintamos cansadas, abrumadas o llenas de dudas, basta un pequeño gesto —una mirada que escucha, un abrazo que contiene— para seguir enseñando esta valiosa lección de humanidad. En casa, con amor, paciencia y presencia, podemos hacer que la empatía florezca como una flor que da sombra, perfume y cobijo a los demás. Johannes Ruiz Pitre https://crianzapositiva.es/como-ensenar-empatia-a-los-ninos-desde-casa/

  • Y entonces llega el día... 💕✨ Cuando llega el día del parto Nadie te avisa del momento exacto. No suena una campana, ni aparece una estrella fugaz que diga: “Hoy vas a conocer al amor de tu vida.” Pero algo cambia. El cuerpo lo sabe. El alma lo presiente. Y entonces… empieza. No importa cuántos libros leíste, cuántas clases tomaste, o cuántas veces soñaste con este instante. Nada se parece a este momento real. Porque no es solo el cuerpo el que se abre… es el corazón, es el tiempo, es la historia. Es el día en que todo se vuelve piel Ese día no se olvida. No por el dolor. Sino porque todo —todo— cobra otro sentido. Respiras distinto. Miras distinto. Amas distinto. Es un viaje hacia ti, para poder traer al mundo lo que llevas dentro. Gritas. Lloras. Te rindes. Y en esa rendición, te haces fuerte. Más fuerte que nunca. Más mujer. Más madre. Más tú. El cuerpo como templo, el alma como guía Puede ser un parto largo o breve. En casa, en hospital, con luces tenues o monitores. Pero lo esencial no cambia: es el día en que das a luz una vida… y una nueva versión de ti misma. Y mientras empujas, no solo sale tu bebé… también sale todo lo que ya no necesitas: el miedo, la culpa, la espera. Y en su lugar entra algo nuevo: una certeza que te atravesará para siempre. “Ya soy mamá.” Y entonces lo tienes en brazos… Y todo lo vivido se reduce a un instante. Ese en el que escuchas su llanto, y el tuyo también. Ese en el que no sabes si reír, gritar o quedarte en silencio. Ese en el que el mundo se detiene. Porque llegó. Porque ahora sí. Porque por fin. A ti, que estás por vivirlo: No hay forma correcta de parir. Solo hay una forma verdadera: la tuya. Confía en tu cuerpo. Confía en tu instinto. Confía en ese bebé que también trabaja contigo. Los dos están naciendo. Y aunque aún no se han mirado a los ojos, ya se reconocen desde siempre. Consejo emocional: No hay parto perfecto, solo partos vividos con verdad. Permítete sentir orgullo, ternura, rabia, agotamiento, plenitud. Todo eso también es nacer. Johannes Ruiz Pitre https://crianzapositiva.es/y-entonces-llega-el-dia-conocer-al-amor-de-tu-vida/

  • Querida mamá primeriza, Hoy el mundo te llama mamá, y aunque aún te estés acostumbrando al eco de esa palabra, ya la llevas tatuada en el alma. Sé que estás cansada. Que a veces dudas, lloras en silencio o te preguntas si lo estás haciendo bien. La respuesta es sí, lo estás haciendo con todo el amor posible… y eso ya es muchísimo. Tu corazón se ha ensanchado de golpe para sostener una vida nueva, y ese milagro merece ser celebrado, reconocido y abrazado. Tal vez nadie te dijo que ser mamá no es solo dar a luz, sino también renacer tú, con nuevas preguntas, miedos que antes no existían y un amor tan inmenso que a veces duele un poco. Pero también trae risas que suenan distintas, momentos que detienen el tiempo, y una ternura que no cabe en ninguna palabra. A veces sentirás que te partes, que no llegas, que te pierdes. Pero también sentirás cómo te encuentras, cómo te haces fuerte, cómo aprendes a ser abrigo, refugio, alimento, consuelo y melodía. Nadie nace sabiendo ser madre, pero el instinto se afina con cada mirada, con cada noche en vela, con cada latido compartido. No te exijas ser perfecta, porque tu bebé no necesita una madre perfecta, sino una madre presente, real, humana… y tú ya lo estás siendo. Confía en tu intuición, escucha a tu corazón antes que a las opiniones ajenas, y recuérdate que estás creciendo al mismo ritmo que tu bebé. Te mereces descanso, apoyo, compañía. Te mereces abrazos sin condiciones y palabras que te recuerden que no estás sola. Así que aquí va el mío: gracias por ser el hogar de una nueva vida. Gracias por tu entrega silenciosa, por tus lágrimas escondidas, por tu amor infinito. Y cuando dudes, cuando sientas que no puedes más, mira a esa pequeña personita que te ama sin medidas. Y recuerda: tú eres su mundo. Su lugar seguro. Su todo. Con todo el cariño del universo maternal, Una mujer que también fue madre por primera vez… y que nunca dejó de aprender, Johannes Ruiz Pitre https://crianzapositiva.es/carta-a-una-mama-primeriza/

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  • El principio de todo Tengo un corazón recién nacido frente a mí… Y eso lo cambia todo. No se trata solo de enseñar a decir “gracias” o “por favor”. Se trata de enseñarle a amar sin miedo, a llorar sin culpa, a reír con todo el pecho. La infancia no es un ensayo Es la vida misma, en su forma más pura. Cada gesto, cada palabra, cada silencio, se convierte en raíz, en eco, en hogar. Soy el primer espejo donde aprende a mirarse. La voz que se quedará grabada en su interior cuando tenga dudas. Los brazos donde siempre debería sentir que puede volver… sin condiciones. ¿Cómo no elegir la ternura? Por eso intento, cada día, hablarle con flores, corregir con raíces, abrazar con ramas abiertas. Porque sé que un día crecerá. Y será bosque. Y cuando el mundo sople fuerte —porque lo hará— quiero que sus raíces le recuerden que nació en tierra fértil. Que fue nutrido con respeto, regado con presencia, y cuidado con un amor que nunca gritó, pero que siempre estuvo. El amor que forma, no que deforma No tengo solo una infancia en mis manos. Tengo el principio de todo. Y eso, simplemente… lo cambia todo. Gracias por criar desde el amor y la crianza respetuosa. Por elegir mirar con ternura donde otros solo ven rebeldía. Gracias por ser ese refugio, por ser esa raíz. Cada día que eliges la crianza consciente, estás transformando el mundo… empezando por uno muy pequeño. Johannes Ruiz Pitre ¿Te gustó este texto? Déjame tu comentario, compártelo con alguien que necesite recordarlo hoy, y sigue explorando más reflexiones sobre crianza respetuosa en este blog: https://crianzapositiva.es/el-principio-de-todo-como-la-crianza-respetuosa-siembra-raices/

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  • Eres el lugar seguro de alguien 👍

  • Cuando el amor también se cansa (Para ti, madre que siente todo, incluso cuando nadie lo ve) Hay momentos que no caben en las fotos. Hay días que no se suben a redes ni se cuentan con palabras bonitas. Son esos días en los que ser madre no se siente mágico, sino inmenso. Y agotador. Hay días que nos muerden. Días en que el cuerpo no nos pertenece, en que la piel se vuelve memoria viva de todo lo que fuimos, de todo lo que estamos siendo. Días en que esa pequeña criatura —tan pura, tan intensa— nos exige el alma entera, sin relojes, sin tregua, sin distancia. Hay noches silenciosas que no tienen luna. Noches en las que arden los pechos, duelen las entrañas, sangran los ojos del cansancio. Y aun así, seguimos. Porque nadie nos contó —al menos no con la verdad desnuda— que ser madre es también atravesar la sombra. Que no siempre hay risas, que a veces hay lágrimas escondidas entre los pliegues de una sábana mal tendida o en el fondo de una taza de café frío. Nadie nos dijo que una ducha puede sentirse como un premio, que un abrazo puede salvar el día, que el silencio puede pesar más que el llanto. Y entonces, cuando sentimos eso… nos culpamos. Nos juzgamos. Nos decimos: “¿cómo puedo sentir esto si amo tanto a mi hijo?” Pero, mamá, ¿sabés qué? Todo eso también es amor. El amor también se cansa. El amor también se aburre. El amor también tiene miedo. Y no, no deberías hacerlo sola. Es válido sentir. Es válido caer. Es válido pedir. Tu transformación es sagrada, pero no tiene que ser solitaria. Todo esto pasa. Y aunque hoy te parezca que la noche no termina, volverá la calma. Volverás a reconocerte. Y en medio del desorden, verás que floreciste. No perfecta, no intacta… pero más tú que nunca. Aquí estoy. Para recordártelo. Con todo mi corazón, Johannes Ruiz Pitre https://crianzapositiva.es/cuando-el-amor-tambien-se-cansa/

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