EL ESCUDO CATÓLICO
СтатистикаContenido católico de calidad. «Me he cansado ya de ser moderno, ahora quiero ser eterno»
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SOBRE CÓMO LOS MONJES CARTUJOS VIVEN LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE “(…) Un monje anciano que se hallaba en las últimas se encontró un día con el médico del monasterio. Este le preguntó: «¿Cómo está usted?». La respuesta no fue demasiado concreta: «Mucho mejor de lo que me merezco». A lo que el médico replicó: «¡Así no hay médico que se entere de nada!». (…) Dom Guigo padecía unos dolores inquietantes. El médico acudió de inmediato y, al cabo de unos instantes, le dijo: «Es grave. Podría usted morir». Y el religioso le soltó de sopetón: «Si no es más que eso...». También dom Robert fue a ver al médico y, cuando este le preguntó: «¿Cómo está usted?», su respuesta fue bastante equívoca: «Yo, muy bien. La que no está tan bien es mi salud». Durante la visita de un enfermero, Dom Ferdinand Vidal, predecesor de dom André Poisson, contestó a su manera a la pregunta: «¿Cómo va su salud, reverendo padre?». Dom Ferdinand le explicó que todo iba perfectamente. Y a continuación fue enumerando las quince enfermedades que sufría, que a cualquier otro lo habrían llevado a urgencias. Para un cartujo la enfermedad es tan simple como la muerte. ¿Desea la muerte el eremita? Dom Innocent se limita a contestar: «El que decide es Dios. La sociedad moderna presenta la muerte de un modo poco amable. Hay que descartar esa idea. Hay que aceptar el anochecer en la tierra y aguardar el cielo con impaciencia». A las pocas semanas de mi visita, dom Innocent me envió una nota: «Me preguntó usted si yo esperaba a la muerte. No le contesté que sí de inmediato por una razón en el fondo evidente: no es la puerta lo que espero, sino lo que hay al otro lado de la puerta. No espero a la muerte, sino a la Vida (…)” “Tiempo de morir - Los últimos días de la vida de los monjes” – Nicolas Diat #ARTÍCULOSRELIGIOSOS #PROBLEMAMAL
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DE LA IMPORTANCIA DE LA FE EN LA SALUD PSICOLÓGICA “(…) «Cuando la fe religiosa abandona a un alma, deja en el fondo de ella (…) un vacío que con nada se llena». El alma sin religión pierde su unidad (…) Sin Dios, el hombre rompe su armonía íntima, por llevar una estructura naturalmente trascendente. «El hombre -repetía Tertuliano- es naturalmente religioso». La neurosis, esa enfermedad típica de los tiempos modernos, tiene como una de las causas ese rompimiento de su unidad al no querer el hombre vivir integralmente (…) López Ibor: «La aparición de neurosis en las crisis del mundo tiene una misma explicación: tantas más neurosis existen cuanto más empobrecido espiritualmente se halla» (…) Uno de los autores que más importancia ha dado a la influencia del problema religioso en la personalidad neurótica es C. G. Jung [que] halló esta ley: la religión es una función natural del hombre y (…) la salud psíquica del hombre depende tanto de la expresión de dicha religión como de la expresión de los instintos. Este punto de vista de Jung contrasta directamente con los de Freud y la de aquellos que dicen que la pulsión religiosa es un escape de la realidad, una fuga, un refugio con que curar la falta de protección paterna, un refugio con que curar la angustia metafísica. Jung no sólo afirma la realidad de la función religiosa como fenómeno natural, sino que dice que la 1ª tarea educacional es poner en la conciencia de los hombres esta experiencia religiosa. Y así vemos que muchas neurosis pueden ser curadas, si los que las sufren vuelven a la fe a la que pertenecieron y experimentan su conversión. Haciendo medicina de la religión, se hace una verdadera «cura de almas». La psicoterapia eficiente va encaminada a comprender y tratar todas las estructuras de la personalidad, intentando integrar en una sola unidad los fenómenos bio-físicos, psíquicos, sociales, estéticos y religiosos. (…) Vicktor Frankl (…) ha llegado (…) a la conclusión de que la 3ª parte (…) de las neurosis del hombre moderno proviene de la represión (no del instinto sexual), sino del sentimiento, la tendencia, la pulsión religiosa. (…) Jung insiste también en la importancia de la confesión para los enfermos psíquicos, tal como la instituyó la Iglesia católica. Oigámosle: «El comienzo de todo tratamiento analítico [psicoterapéutico] del espíritu se ha de encontrar en la confesión». Con los avances de la medicina psicosomática, va viéndose cada vez más claro que difícilmente pueden ser curados muchos trastornos —aun orgánicos— sin una verdadera «cura del alma», que equivale a decir «una conversión interior y vital». El Dr. Franckl estima que «toda psicoterapia se enfrenta diariamente con problemas de "concepción del mundo"»; es decir, con problemas sobre el sentido de la vida». Por eso insiste en que «de suyo, se comprende que la fe religiosa, que es un quasi-sentido superior, tiene una importancia extraordinaria psicoterapéutica y psicohigiénica (…) Para quien se hace fuerte en esta fe —añade el doctor austríaco—, no existe, en última instancia, nada carente de sentido». Y ¿cuál es el fin de toda psicoterapia sino el de dar un sentido a todas las cosas... a la vida misma? Pero no se podrá dar ese sentido auténtico cuando se quiera prescindir de las realidades sobrenaturales que integran al hombre. Y la primera de esas realidades es Dios; la segunda, es el hombre destinado a Dios (…)” “Amor en un mundo de crisis” – Padre Melchor Escrivá Pellicer S. J. #FELICIDAD
#PROBLEMAMAL
PERFECCIÓN ESPIRITUAL “Cuando recéis el Rosario, no temáis ser monótonos (…) Es un hecho que cuando una persona encuentra una fórmula precisa y adecuada con que expresar uno de los profundos sentimientos de su alma, en ella se reposa, se complace y, aun cuando la repita, no se saciará nunca (...) Preguntad a los soldados en marcha por qué cantan 10 veces, 100 veces, las mismas palabras, acompañadas del mismo arrullo musical. ¿No tendrán el temor de aumentar la monotonía de la marcha con el canto? No, porque, bajo la sencillez de las palabras, se esconde en el estribillo, algo grande, algo noble, un grito de amor para la patria, un desafío a la muerte (…) ¿Por qué les gusta a los remeros marcar con una cadencia, siempre igual, el compás de los remos? (…) Porque han hallado (…) la forma ingenua y sencilla que complace a su alma fatigada (…) ¿Por qué el mendigo soporta horas y horas de lluvia o la nieve repitiendo la misma frase: Una limosna por el amor de Dios? Porque la experiencia le ha enseñado que esa es la fórmula más capaz para despertar la piedad del buen Samaritano que la escuche. ¿Por qué en los días de fiesta, al pasar un héroe favorito, repite la multitud los mismos vivas? Porque éstos encarnan 100 veces mejor su admiración, su entusiasmo o su esperanza, que pudieran hacerlo 100 discursos. (…) Tendréis (…) al rezar vuestro Rosario distracciones; pero continuad, recorriendo sus cuentas: no ceséis de repetir a María vuestro canto de amor. Imaginad un niño que aprovecha las vacaciones de un domingo para ir al campo; suponed que se le ocurre coger flores para su madre y que, cuando regresa, al caer la tarde, trae, satisfecho, un gran ramo de margaritas, de amapolas, de madreselvas y de cuantas flores ha encontrado durante su paseo. ¿Se fijará la madre, al recibir entusiasmada el obsequio de su hijo, en su belleza, en su frescura o en su aroma? Unas tendrán la corola marchita; a otras les faltará el tallo; aquélla habrá perdido hojas y ésta colores; pero, en su conjunto, la madre sólo verá gozosa el amor de su hijo, que ha querido agradarla. Lo mismo sucede con María; ofrezcámosle el ramillete del Rosario, compuesto con las flores de nuestras Avemarías, y no tengamos miedo de que nos rechace ninguna porque esté lacia de devoción o deshojada por la rapidez con que las hayamos reunido. Recémoslas, aun cuando sea mecánicamente, aun cuando sea de prisa, y nuestra Madre celestial no verá en ellas sus defectos, sino las bellezas del corazón que se las ofrece y el amor del alma que se rinde a sus pies." “Formación de la joven cristiana" - Padre José Baeteman "Pero rezar yo sola el rosario (me da vergüenza decirlo) me cuesta más que ponerme un instrumento de penitencia... ¡Sé que lo rezo tan mal! Por más que me esfuerzo por meditar los misterios del rosario, no consigo fijar la atención... Durante mucho tiempo viví desconsolada por esta falta de atención, que me extrañaba, pues amo tanto a la Santísima Virgen, que debería resultarme fácil rezar en su honor unas oraciones que tanto le agradan. Ahora me entristezco ya menos, pues pienso que, como la Reina de los cielos es mi Madre, ve mi buena voluntad y se conforma con ella" "Historia de un alma" - Santa Teresita del Niño Jesús (Santa Teresa de Lisieux) #PERFECCIÓNESPIRITUAL
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EL PROBLEMA DEL MAL "Viajaba en el transatlántico español Cabo de Hornos, rumbo a Sudamérica. (...) A mi lado un "turista" me cuenta la historia breve de su vida. Era la historia de una apostasía. "Yo he dejado ya de creer en Dios. Mi esposa estaba enferma; le pedí a Dios que me la curase, y Dios no me oyó. Murió mi esposa. Eso es todo. Luego Dios no existe". Rara argumentación. ¿Y quién le había enseñado a aquel señor que la existencia de Dios estaba vinculada a la curación de su mujer? La verdad es que en todos estos casos es bueno no olvidar la profunda sentencia de San Agustín: "Para el que quiere creer tengo mil razones y para el que no quiere, no tengo ninguna". Nos fue más práctico responder con un argumento "ad hominem". Le contamos la breve historia en la que otro caballero tenía también a su esposa enferma. Ese esposo le pedía a Dios su curación. Dios le manifestó que no le convenía. El acongojado esposo aceptó la voluntad de Dios y su esposa murió. Ella era Leonor de Castro, y el caballero el Duque de Gandía, más tarde tercer General de la Compañía de Jesús, y hoy San Francisco de Borja. Nuestro viajero había perdido con la fe en la providencia, la felicidad, mientras que un Duque encuentra la felicidad aceptando la voluntad divina aunque para ello tenga que renunciar a su esposa y al título de Duque y a ese cortejo de riquezas y honores... para entrar al servicio de un Señor eterno. "No más servir a Señor que se me pueda morir", dirá el Duque de Gandía, el cuál dará la razón de esta determinación: ""Hasta los reyes mueren, sólo Dios vive" [...]" "Medicina de la personalidad" - Padre Melchor Escrivá Pellicer, S. J. #PROBLEMAMAL #FELICIDAD
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SOBRE EL INCONSCIENTE, ESBOZADO SIGLOS ANTES DE FREUD, POR SAN AGUSTÍN: “Es lo que san Agustín definía como «segunda voluntad»: El espíritu ordena al cuerpo y al instante le es obedecido; el espíritu se ordena a sí mismo y encuentra resistencia. El espíritu manda a la mano que se mueva, y el movimiento ocurre con tal facilidad que apenas se distingue la orden de su ejecución, aunque el espíritu sea espíritu y la mano cuerpo. El espíritu ordena al espíritu que quiera –no es otro espíritu–, y, sin embargo, no lo ejecuta. ¿De dónde procede este absurdo? ¿Y cuál su causa? El espíritu, digo, ordena querer; no ordenaría si no quisiera, y, sin embargo, no cumple su mandato. En verdad no quiere del todo, por eso no ordena del todo. Ordena sólo en la medida que quiere, y el mandato no se cumple en la medida que no quiere, pues la voluntad ordena no querer, y no a otro, sino a sí misma. Y como no ordena plenamente, no ocurre lo que ordena; pues si fuera plena, no se ordenaría ser, ya que lo sería. No es, entonces, absurdo querer en parte y en parte no querer; es más bien una enfermedad del espíritu, alzado por la verdad pero no enderezado del todo, abatido por el peso de la costumbre. Y son dos voluntades, pues ninguna es completa y lo que falta en una está presente en la otra. Según Rudolf Allers, este pasaje contiene la primera formulación explícita de la idea de inconsciente: Es preciso reconocer con claridad que la «segunda voluntad» de la que habla san Agustín en el pasaje citado anteriormente, es una voluntad de la que el hombre mismo generalmente nada sabe, y que debe descubrir mediante un laborioso examen de sí para comprenderla y comprender sus fines. Esta segunda voluntad se alimenta de las impresiones que penetran en el alma sin que lo pensemos, e incluso sin intervención de la conciencia. [...] Por eso es completamente erróneo creer que los acontecimientos de los que el niño toma conciencia, las conversaciones que oye, las acciones que observa, no dejen huella en su pequeña alma, bajo el pretexto de que, como se suele decir, «ciertamente no lo entiende» o «aún no lo comprende». Para que las impresiones actúen sobre nosotros no es necesario que sean comprendidas; basta su mera existencia.” “Sobre hombros de gigantes – Psicoterapia desde la perspectiva de Santo Tomás de Aquino" - Stefano Parenti #ARTÍCULOSVARIOS
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EL DERECHO NATURAL "[...] Cuenta Cicerón que, cuando Sexto Tarquino violó a Lucrecia, no había en Roma una ley contra la violación, "pero existía una razón derivada de la naturaleza de las cosas, incitando al bien y apartando del mal, que para llegar a ser ley no necesitó ser redactada por escrito, sino que fue tal desde su origen, tan antiguo como la mente divina". (...) Cualquiera aprecia espontáneamente que el respeto a los semejantes, ser veraz y cumplir las promesas son cosas buenas y deseables. Y que por el contrario, el odio, la traición y la falsedad representan conductas detestables. En realidad la evidencia no necesita demostración. Por eso, decía Aristóteles que si alguno dijese que se puede matar a la propia madre, no merece argumentos sino azotes. Nuestra naturaleza común explica la coincidencia de las grandes tradiciones morales de la humanidad. En el libro de los muertos, escrito hace más de 3.000 años encontramos esta declaración del alma del difunto ante el tribunal de Osiris: "Traigo en mi corazón la verdad y la justicia, pues he arrancado de él todo mal. No he hecho sufrir a los hombres. No he tratado con los malos. No he cometido crímenes. No he hecho trabajar en mi provecho con abuso. No he maltratado a mis servidores. No he matado ni mandado matar. No he privado al necesitado de lo necesario para la subsistencia. No he hecho llorar. No he tratado de aumentar mis propiedades por medios ilícitos, ni de apropiarme de los campos de otro. No he manipulado las pesas de la balanza. No he mentido. No he difamado. No he escuchado tras las puertas. No he cometido jamás adulterio. He sido siempre casto en la soledad. No he cometido con otros hombres pecados contra la naturaleza. No he faltado jamás al respeto debido a los dioses." "Ética a Nicómaco: versión reducida" - José Ramón Ayllón #ARTÍCULOSVARIOS
#CASTIDADYMATRIMONIO
ARTÍCULOS VARIOS "[....] Cuando elegimos mal -ética o estéticamente- maltratamos nuestro mejor yo, lo herimos y afrentamos, y esa herida produce en nosotros esa especie de escozor espiritual que es el remordimiento. En esta experiencia, nosotros mismos somos a la vez autor, víctima y juez. En el remordimiento, repudiamos aquello que no podemos dejar de reconocer que hemos hecho nosotros: repudiamos lo que hemos sido, porque lo que hemos sido "muerde" lo que queremos ser. Pero cuando la mirada inquisitoria no es la nuestra, sino la de los demás, el remordimiento se transforma en vergüenza. Lo que nos avergüenza es que los demás nos tomen por nuestro peor yo, por el yo al que corresponde lo que hemos hecho ante sus ojos. Se produce en nuestro interior un desdoblamiento violento: nuestro mejor yo choca con ese otro yo que los demás nos atribuyen, que su mirada nos inocula, estableciendo en nuestro interior una cohabitación imposible. Dicha violencia produce en nuestro exterior -como señal natural de la fricción interior- ese encendimiento del rostro que es el rubor. En el rubor que se nos sube a la cara, los demás pueden descubrir que hay violencia dentro de nosotros, que en nuestro interior habita otro yo -más auténtico que el que nos atribuyen- que no congenia con aquello que nos han visto hacer. El rubor es, pues, lo que nos salva: es un mecanismo movido por el instinto de conservación. El sin vergüenza no se sonroja, pues posee pacíficamente la acción vergonzosa." A. Cruz. #ARTÍCULOSVARIOS
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JUAN MANUEL DE PRADA "(...) se tiende a tildar a un escritor de «integrista» cuando se atreve a denunciar la deriva totalitaria de la democracia. Ya nos advertía Ortega, ese feroz integrista, que «la democracia, como democracia, es decir, estricta y exclusivamente como norma del derecho político, parece una cosa óptima. Pero la democracia exasperada y fuera de sí es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad»; pues «cuanto más reducida sea la esfera de acción propia a una idea, más perturbadora será su influencia, si se pretende proyectarla sobre la totalidad de la vida». Y es que, en efecto, la democracia, en esta fase de la Historia, ha dejado de ser una forma de gobierno para convertirse en una religión antropoteísta que, a la vez que difumina o prostituye el mandato representativo, se proclama instancia última para establecer lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, entregando a la aritmética de las mayorías toda la regulación de la vida humana. Esta «voluntad de regular la totalidad de la vida humana» –nos recordaba Malraux (...)– es lo que caracteriza el totalitarismo; y de la deriva totalitaria de la democracia ya nos advertía Tocqueville, sumo pontífice del integrismo, en La democracia en América: «Cadenas y verdugos eran los instrumentos groseros que antaño empleaba la tiranía, pero en nuestros días la civilización ha perfeccionado hasta el mismo despotismo. Los príncipes habían, por así decirlo, materializado la violencia; pero las repúblicas democráticas de nuestros días la han hecho tan intelectual como la voluntad humana que quieren reducir. Bajo el gobierno absoluto de uno solo, el despotismo, para llegar al alma, golpeaba vigorosamente el cuerpo; y el alma, escapando a sus golpes, se elevaba gloriosa por encima de él. Pero en las repúblicas democráticas la tiranía deja el cuerpo y va derecha al alma. El amo ya no dice: “Pensad como yo o moriréis”, sino: “Sois libres de no pensar como yo. Vuestra vida, vuestros bienes, todo lo conservaréis, pero a partir de ese día seréis un extraño entre nosotros. Permaneceréis entre los hombres, pero perderéis vuestros derechos de humanidad. Cuando os acerquéis a vuestros semejantes, huirán de vosotros como de apestados e incluso aquellos que crean en vuestra inocencia os abandonarán. Os dejo la vida, pero la que os dejo es peor que la muerte”». Ese infierno totalitario ya está entre nosotros. Y en él languidecemos los apestados, mientras las masas desprevenidas campan por sus respetos y eructan felicísimas los vapores de la alfalfa sistémica que se tragan sin rechistar." Artículo "Democracia y totalitarismo" - Juan Manuel de Prada #CHESTERTONCASTELLANIYJMPRADA
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LA FELICIDAD “(…) qué diagnóstico podríamos dar a la cultura en que nos ha tocado vivir? (…) extinguidos ya los ecos triunfalistas del arrogante (…) siglo XIX, [el XX] a partir de la 2ª GM, es mucho más humilde, y ya no cree tanto en el poder mágico de la ciencia y de la técnica: «La conciencia de inseguridad –afirma Julián Marías– es uno de los rasgos del siglo XX, a diferencia del siglo XIX, que creyó, por un momento, que las cosas estaban ya en principio resueltas y que había un estado “definitivo” que nunca variaría substancialmente…» (…) Y añade: «Nuestra época ha asistido a un quebrantamiento de las creencias básicas de las sociedades occidentales, que no han logrado un establecerse de nuevo sólidamente… La consecuencia de ello es una desorientación cuyos rasgos no pueden ocultarse». La ciencia, el progreso, han producido cosas verdaderamente admirables, pero de allí, como de la caja de Pandora, han salido con los bienes, innumerables males (…) no existe ya una crisis de objetos o artefactos; pero existe una crisis de esperanza (…) han realizado invenciones y descubrimientos, como los hicieron los «aprendices de brujo» y (…) se han vuelto contra el hombre mismo (…) (…) Se le ha prometido al hombre moderno confort, placer, libertad [pero] se le ha prometido muy poco. Nadie posee nada, si no se posee a sí mismo. El hombre vale más por lo que ES, que por lo que TIENE. Pero ¿sabe verdaderamente lo que es? Yo (…) he visto (…) a individuos que lo poseen todo: dinero, juventud, fama, poder (…) Pero que no son felices: sufren dentro de sí mismo. Una neurosis, un desengaño cruel, una desesperanza, una depresión constante, un desequilibrio psíquico de cualquier clase, una angustia existencial y metafísica... le quita todo, al que lo posee todo. (…) no son las cosas exteriores a nosotros mismos las que nos dan esa parcela de felicidad que todos necesitamos para sobrevivir: lo que importa es que desde dentro brote la PAZ. La ciencia y la técnica nos ha instalado en la feria de los objetos y riquezas materiales (…) Pero [es poco] porque el ser humano creado a imagen divina es por eso mismo CAPAX DEI: es capaz de Dios mismo. San Bernardo sabía que nada puede saciar al hombre; nada que sea menos que Dios: las cosas, los artefactos, los objetos triviales o «gadgets», son menos ¡infinitamente menos! que Dios. ¿No escribía esto mismo san Agustín (…) «Señor, nos hiciste para Ti e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti»? La ambición por el mundo de las cosas y por los goces de todos los sentidos, ha embotado el gusto extraído del amor y la paz. Cunde el desenfreno, la anarquía; aumentan las discordias familiares y los conflictos entre las naciones y las razas; aumentan los robos, los secuestros, las violencias y los crímenes sin motivo. ¿No se ha querido matar a Dios? Pues los hombres no tienen ya motivo para reconocerse como hermanos, puesto que no hay ya un Padre común. Y si los hombres no son ya hermanos ¿podemos extrañarnos de que nadie circule hoy tranquilo por la jungla de asfalto de las ciudades «civilizadas»? Esta muerte de Dios en los corazones de los que no creen en Él o no le aman, se está pagando ya demasiado cara, porque se resuelve con la muerte del hombre mismo. La crisis de hoy es la crisis del hombre desligado, emancipado de Dios. Y donde no hay Dios, no hay hombre, porque, como señala Zubiri, el hombre está religado a Dios; y (…) Si cortamos el sarmiento o lo separamos de la vid, muere. Donde no hay vid, no hay sarmiento; donde no hay Dios, no existe el hombre. Y si muere el hombre ¡surge la bestia! ¿Qué es la bestia? Un ser animal carente de razón y voluntad libre, guiado solamente por los instintos y todos los mecanismos autónomos del sistema nervioso." “Amor en un mundo de crisis” – Padre Melchor Escrivá Pellicer S. J. #FELICIDAD
📚 LIBRO RECOMENDADO: Los hombres son de Marte y las mujeres de Venus de John Gray, guía práctica para entender las diferencias naturales entre hombres y mujeres y mejorar la convivencia. ¿Qué encontrarás? 🧩 Psicología: Comprende que las diferencias no son defectos, sino formas distintas de ver el mundo. ♂️♀️ Lenguajes: Aprende a decodificar las necesidades de tu pareja a través del lenguaje propio de cada sexo. 🛠 Conflictos: Estrategias prácticas para evitar discusiones al entender cómo cada uno procesa el conflicto (el hombre busca la "cueva", la mujer la comunicación). 💖 Conexión: Herramientas para mejorar la comunicación, la empatía y fortalecer la intimidad emocional. 📖 Mapa: Una guía para superar las dificultades en pareja con paciencia y menor frustración. 👍 Ideal para quienes buscan fortalecer su vínculo, superar barreras y aprender a amar respetando la naturaleza del otro. #LIBROS #CASTIDADYMATRIMONIO
#FELICIDAD #CASTIDADYMATRIMONIO
LA FELICIDAD “Practicar la virtud (…) hace feliz: el hombre virtuoso está contento consigo mismo y con las obras que realiza con prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Este es el tipo de felicidad al que aspiraba el mundo antiguo, en particular el estoicismo. Santo Tomás, que conoce a Dios a través de Cristo, califica esta felicidad como «imperfecta». Existe otro nivel de dicha que colma plenamente el corazón humano, el cual no se satisface ni con la virtud ni con el mundo que le rodea, porque su sed de beatitud es infinita, mientras que vive en una realidad compuesta por entes finitos. Dado que el ejercicio de las solas virtudes cardinales implica siempre un esfuerzo, una fatiga (al menos en su realización), ni siquiera el hombre virtuoso es perfectamente feliz. Pongamos un ejemplo. Supongamos que Marco, de Milán, está enamorado de Giulia, que vive en Brescia. Cuando ella lo invita a verse, Marco, sin la menor vacilación, se sube al coche, recorre la A4 (notoriamente congestionada), se adentra en los semáforos de Brescia y, tras hora y media, corona su deseo de verla. No llega fatigado porque el amor (aspecto de la caridad antes mencionado) hace que el viaje transcurra sin esfuerzo. Sin embargo, ni siquiera así puede afirmar que recorrer ese trayecto lo haga feliz. Es feliz cuando ve a Giulia, pero no antes ni después. Las acciones virtuosas, al implicar fatiga y presentar otros límites, revelan su imperfección: decaen en el tiempo, exigen una coherencia imposible de mantener y, en ausencia de fe, un estoicismo heroico. La felicidad perfecta de la que habla santo Tomás —quien experimentó a Dios mediante Cristo— no consiste en actos de la voluntad, pasiones o cuerpo, sino en un acto de la inteligencia llamado contemplación. Marco es feliz cuando ve a Giulia. Análogamente, nuestra sed de plenitud se sacia al encuentro con Aquel que amamos (y nos ama). ¿Qué podría hacernos más felices que estar con Dios? El Aquinate precisa que la beatitud perfecta la viviremos solo in patria (en el Paraíso); por ahora, debemos contentarnos con encontrarlo a través de signos (mediante la virtud de la fe), de forma temporal (con la virtud de la esperanza) y con muchos otros límites que solo la gracia puede colmar. Sin embargo, esta es la felicidad imperfecta de la vida presente: una «familiaridad con Cristo» (…) o «contemplación terrena», según precisa Pieper en su libro más bello: [...] contemplación terrena significa sobre todo que, detrás de lo que se manifiesta directamente, y en ello mismo, es posible ver el rostro del Logos divino hecho hombre. [...] la beatificante efusión del cumplimiento divino puede encenderse repentinamente en todo aquello que se encuentra, incluso en la ocasión más insignificante.” “Sobre hombros de gigantes – Psicoterapia desde la perspectiva de Santo Tomás de Aquino" - Stefano Parenti #FELICIDAD